Hay proyectos que nacen con un plan de negocio y otros que comienzan con un sueño, una idea compartida y la voluntad de convertirla en realidad.
Hace quince años, los hermanos Anil Rohera y Mikel Bharwani apostaron por Santa Cruz de Tenerife con un propósito tan sencillo como ambicioso: crear un espacio en el que el deporte, la moda y las personas convivieran de forma natural bajo el nombre de una marca que no necesita presentación: Adidas.
Desde el principio tuvieron claro que una gran firma internacional necesita algo más que un buen escaparate. Necesita socios que conozcan a su gente, que comprendan la ciudad en la que trabajan y que sepan qué quieren construir y hasta dónde desean llegar.
Ese ha sido uno de los grandes secretos de Adidas Santa Cruz.
No se trataba únicamente de ofrecer prendas, zapatillas y colecciones de una de las marcas deportivas más reconocidas del mundo. El verdadero objetivo era integrarse en la vida cotidiana de Santa Cruz y convertirse en un establecimiento cercano, reconocible y vinculado a la ciudad.
Anil y Mikel creyeron en una capital para vivir, trabajar, crecer y desarrollar proyectos. Una ciudad dinámica, enamorada del deporte y de la vida al aire libre, que necesitaba espacios capaces de unir rendimiento, comodidad, moda urbana y estilo de vida.
Durante estos quince años, Adidas Santa Cruz ha acompañado a generaciones enteras. Niños que estrenaban sus primeras zapatillas Adidas, jóvenes que buscaban su propio estilo, corredores que preparaban un nuevo reto, familias que querían comodidad y calidad y clientes que deseaban vestir una marca icónica sin renunciar a sentirse guapos, cómodos y seguros.
Porque hacer deporte también es sentirse bien.
Y vestir con comodidad y estilo forma parte de esa misma sensación.
La tienda ha sabido ofrecer propuestas para todas las edades, entendiendo que el deporte no pertenece únicamente a quienes compiten. También forma parte de quienes caminan, entrenan, disfrutan de su tiempo libre o incorporan la ropa deportiva a su vida diaria.
La apuesta salió adelante porque sus responsables nunca dejaron de mirar primero a las personas y después a las cifras.
Santa Cruz les abrió las puertas y ellos respondieron confiando en la ciudad, en su comercio y en una manera de hacer empresa basada en la cercanía, el trabajo y el compromiso.
Hoy celebran quince años de esfuerzo, sacrificio, crecimiento y alegrías compartidas. Quince años en los que también hubo momentos complicados, decisiones difíciles y jornadas interminables, pero siempre con la voluntad de seguir avanzando.
Anil Rohera y Mikel Bharwani saben que este aniversario no les pertenece únicamente a ellos. También es de los clientes que entraron por primera vez y regresaron, de quienes recomendaron la tienda, de quienes confiaron en su forma de trabajar y de todos los amigos que respaldaron la apuesta.
Porque ninguna empresa, por grande que sea la marca que representa, puede cumplir quince años sin la confianza de la gente.
Por eso, este aniversario tiene una palabra por encima de todas las demás: gracias.
Gracias a Santa Cruz por acompañar el sueño de dos hermanos.
Gracias a los clientes y amigos que han apoyado el proyecto desde sus primeros pasos.
Y gracias a quienes siguen entrando cada día en Adidas Santa Cruz y permiten que aquella ilusión inicial continúe caminando hacia el futuro.
Una empresa acaba convirtiéndose en una familia
Da igual el tamaño de una empresa, el sector en el que trabaje o la marca que aparezca en su escaparate. Cuando las personas comparten tantas horas, jornadas y años, el equipo termina convirtiéndose en una familia.
Una familia laboral en la que se viven días buenos, malos y regulares. Momentos de alegría, épocas de mayor dificultad, celebraciones, preocupaciones y largas jornadas en las que todos deben remar en la misma dirección.
Esa familia es una parte esencial de la historia de Adidas Santa Cruz.
Está Bego Adidas Cabrera, una de esas personas cuya identificación con el establecimiento es tan grande que el propio nombre de Adidas ha terminado acompañándola de forma natural.
Está Marta, que trabaja junto a Anil desde 1999 y representa la confianza que solo puede construirse después de tantos años compartiendo responsabilidades, esfuerzos y experiencias.
También está Jeny, presente desde el primer día de esta aventura y testigo directa del crecimiento de un sueño que comenzó hace quince años.
Y junto a ellas están Mónica, Sara, Adrián, Rachely, Yolanda y Dipti, nombres propios que forman parte de la vida cotidiana de la tienda y de la relación cercana que se ha creado con sus clientes.
Todos son excepcionales. Cada uno desde su forma de ser, su responsabilidad y su manera de entender el trabajo. Todos suman, todos aportan y todos reman para que cada persona que cruza la puerta se sienta atendida con cercanía y profesionalidad.
Porque detrás de cada venta hay una conversación.
Detrás de cada recomendación hay experiencia.
Y detrás de cada cliente que vuelve existe una confianza construida con el paso del tiempo.
Las colecciones cambian, las tendencias evolucionan y los escaparates se renuevan. Las personas, sin embargo, son las que aportan alma, identidad y continuidad a una empresa.
Las grandes marcas pueden atraer a los clientes, pero son equipos como el formado por Bego, Marta, Jeny, Mónica, Sara, Adrián, Rachely, Yolanda y Dipti los que consiguen que quieran regresar.
Ese valor humano, impulsado por Anil Rohera y Mikel Bharwani, es uno de los mayores éxitos de estos quince años de Adidas Santa Cruz.