El ministro de Exteriores evita señalar a Rabat por la entrada masiva de unos 72.000 inmigrantes y reivindica el «diálogo diplomático» con Marruecos, mientras varios grupos cuestionan la tibieza del Gobierno
El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, ha descargado sobre las redes sociales toda la responsabilidad por la entrada masiva de unos 72.000 inmigrantes en Ceuta el pasado 30 de julio y ha evitado atribuir cualquier responsabilidad a Marruecos, pese a las sospechas y críticas políticas sobre el papel que pudo desempeñar Rabat.
Durante su comparecencia extraordinaria ante la Comisión de Exteriores del Congreso, Albares ha defendido que el origen inmediato de la crisis estuvo en la «viralización inédita de mentiras y bulos» relacionados con una sentencia del Tribunal Supremo sobre las entradas por vía marítima. Según el ministro, esas informaciones falsas hicieron creer a miles de personas que la frontera estaba abierta y que quienes llegaran a Ceuta no serían expulsados.
Albares ha destacado, en cambio, la cooperación de Marruecos, país al que ha atribuido un papel «esencial» para contener la crisis. El ministro ha asegurado que el diálogo entre ambos países permitió facilitar el retorno de alrededor del 90% de los inmigrantes que entraron en la ciudad autónoma en menos de 48 horas.
También ha defendido que esa cooperación evitó una nueva entrada masiva el 15 de agosto, pese a los llamamientos difundidos en redes sociales para repetir el episodio.
«El diálogo diplomático con Marruecos es indispensable», ha subrayado Albares, que considera que la respuesta ante una situación de estas características pasa «necesariamente por la diplomacia».
Sin acusaciones contra Rabat
La posición del ministro ha generado críticas entre distintos grupos políticos, incluidos sectores de Sumar y socios parlamentarios del Gobierno, que consideran que el Ejecutivo está mostrando demasiada «debilidad» ante Marruecos y reclaman «llamar a las cosas por su nombre».
Albares, sin embargo, no ha empleado durante su comparecencia el término «ataque híbrido» ni ha insinuado que Rabat pudiera estar detrás de la campaña de desinformación que precedió a la llegada masiva de inmigrantes.
El ministro ha defendido que el vídeo de dos jóvenes cruzando a nado hacia Ceuta alcanzó una enorme difusión el 28 de julio y que posteriormente fue amplificado por medios e influencers marroquíes. Según sus datos, la conversación llegó a tener un impacto de unos 30 millones de personas, especialmente en Marruecos.
Entre el 28 y el 30 de julio, ha explicado, se extendió de forma «explosiva» el bulo de que las fronteras estaban abiertas y de que no se expulsaría a quienes entraran por mar.
«No soy el ministro de Asuntos Exteriores de Marruecos»
Cuestionado por la actitud del Gobierno hacia Rabat, Albares ha respondido con contundencia: «Yo no soy el ministro de Asuntos Exteriores de Marruecos. Soy de España, el que tiene que hablar con Marruecos en beneficio de Ceuta y de Melilla».
El titular de Exteriores también ha rechazado las acusaciones de tibieza y ha defendido que la discreción diplomática no implica falta de firmeza.
«Que yo no airee acciones diplomáticas y conversaciones diplomáticas no quiere decir que no haya firmeza», ha señalado, antes de garantizar que defenderá la soberanía española «siempre» cuando esté en juego la integridad territorial.
En este sentido, Albares ha lanzado un mensaje a Marruecos y ha dejado claro que Ceuta y Melilla son españolas y europeas. «Ni ha habido, ni hay, ni habrá nunca ningún tipo de conversación al respecto», ha asegurado.
