Bélgica vuelve a situarse en el centro del debate migratorio europeo después de que decenas de inmigrantes en situación irregular y solicitantes de asilo fueran detenidos en dependencias de la Oficina de Extranjería en Bruselas tras acudir a citas relacionadas con su situación administrativa.
La actuación ha generado una fuerte polémica y algunos medios marroquíes han llegado a calificar lo ocurrido como una “emboscada”. Parte de los extranjeros que acudieron a las dependencias terminaron detenidos mientras las autoridades comprobaban sus identidades, países de procedencia y situación legal antes de iniciar los correspondientes procedimientos migratorios.
El caso ha adquirido especial repercusión porque Bélgica atraviesa un profundo endurecimiento de su política migratoria. El Gobierno federal ha dejado claro durante los últimos meses que su prioridad pasa por combatir la inmigración irregular, reforzar las fronteras exteriores de la Unión Europea y acelerar el retorno de aquellas personas que no tengan derecho a permanecer en el país.
La ministra belga de Asilo y Migración, Anneleen Van Bossuyt, ha defendido precisamente una estrategia muy diferente a la seguida por España. Bélgica descarta una regularización general de inmigrantes irregulares y sostiene que este tipo de medidas pueden generar un efecto llamada.
Bélgica marca distancias con España
El contraste con España se ha convertido en uno de los elementos centrales del debate europeo. Mientras el Gobierno español ha apostado por un proceso extraordinario de regularización, Bélgica ha decidido recorrer el camino contrario y aumentar la presión sobre quienes permanecen irregularmente en su territorio.
El Ejecutivo belga reclama además más medios para Frontex, un mayor control de las fronteras exteriores y acuerdos más efectivos con los países de origen para conseguir que las órdenes de retorno puedan ejecutarse.
La política de Bruselas no significa que cualquier extranjero que acuda a una cita administrativa sea automáticamente expulsado. Cada expediente depende de su situación jurídica, de las posibles órdenes de salida existentes y de los procedimientos de asilo o recursos que permanezcan abiertos.
El episodio, sin embargo, refleja el cambio que está experimentando Europa ante la inmigración irregular. Bélgica quiere situar las expulsiones y los retornos efectivos entre sus prioridades y ha dejado claro que no contempla seguir el modelo de regularización elegido por España.
La inmigración vuelve así a mostrar dos caminos muy diferentes dentro de la Unión Europea: España apuesta por facilitar la regularización de cientos de miles de personas mientras Bélgica endurece los controles y pone el foco en el retorno de quienes no tienen derecho legal a permanecer en el país.
