La cantante búlgara Darina Yotova, conocida artísticamente como Dara, se convirtió en la gran vencedora de Eurovisión tras imponerse en una final de máxima tensión donde Israel partía como favorita del televoto. El triunfo de Bulgaria con el tema Bangaranga ha sido interpretado en parte de Europa como el auge del bloque del Este dentro del certamen y un golpe de efecto en una edición marcada por la presión política y los llamamientos al boicot.
Israel había logrado 220 puntos del televoto y lideraba la clasificación provisional pese a las protestas y críticas surgidas en varios países europeos por su participación. Entre ellos, España, donde diferentes colectivos y voces públicas promovieron campañas de rechazo al festival.
Sin embargo, Bulgaria acabó protagonizando una remontada histórica. Necesitaba alrededor de 140 puntos del público para superar a Israel y terminó arrasando con más de 350, alcanzando finalmente los 516 puntos totales y llevándose el micrófono de cristal.
La victoria de Dara fue recibida con euforia en redes sociales y en numerosos países del Este europeo, donde se interpretó como una demostración de fuerza cultural y de movilización popular dentro del festival. La edición vuelve además a reabrir el debate sobre el peso del televoto, la politización de Eurovisión y la creciente fractura entre bloques dentro del certamen musical más seguido del continente.