'Canarias ante el reto energético: sin energía competitiva no hay desarrollo posible', por Víctor Portugués

Canarias vuelve a enfrentarse a uno de esos debates que marcarán su futuro económico y social durante décadas. Un debate que no es nuevo, pero que se vuelve cada vez más urgente: el modelo energético de las islas. Porque hablar de energía no es hablar solo de kilovatios o de renovables; es hablar de competitividad, de industria, de empleo y, en definitiva, de oportunidades.

Durante años hemos asumido como normal que la energía en Canarias sea más cara, más inestable y dependiente del exterior. Pero esa normalización tiene un coste muy alto. Un coste que pagan las familias en su factura eléctrica, pero que pagan, sobre todo, las empresas, y de manera muy especial la industria.

No puede haber desarrollo económico sólido sin una energía fiable y competitiva. Y en Canarias, hoy por hoy, la energía es uno de los principales cuellos de botella del crecimiento.

Un problema estructural que condiciona todo
La condición ultraperiférica, la fragmentación territorial y la dependencia de combustibles fósiles importados explican buena parte del problema. Pero no lo justifican todo. El verdadero riesgo es resignarnos a convivir con un sistema energético que limita nuestra capacidad productiva y nos hace menos atractivos para la inversión.

La industria necesita certidumbre. Necesita precios previsibles, suministro estable y un marco regulatorio claro. Sin eso, cualquier discurso sobre diversificación económica queda vacío. No se puede pedir a las empresas que inviertan, innoven o se descarbonicen si el sistema energético no acompaña.

Renovables sí, pero con realismo y planificación
La transición energética es una oportunidad indiscutible para Canarias. Las energías renovables, el autoconsumo, el almacenamiento y las nuevas tecnologías pueden y deben jugar un papel central. Pero la transición no puede convertirse en un obstáculo añadido si no se planifica con rigor.

Implantar renovables sin redes adecuadas, sin almacenamiento suficiente o sin una gestión eficiente del sistema genera inestabilidad y sobrecostes. Y esos sobrecostes acaban trasladándose a la economía real. La transición energética debe ser ordenada, gradual y compatible con la actividad productiva.

Energía e industria: una relación inseparable
Si Canarias quiere una industria más fuerte, más innovadora y sostenible, necesita una política energética alineada con ese objetivo. No basta con producir energía limpia; hay que producirla a un coste competitivo y con garantías de suministro.

Esto implica decisiones claras: inversión en redes, impulso al almacenamiento, integración real de renovables, simplificación administrativa y una coordinación efectiva entre administraciones. No son medidas vistosas, pero son imprescindibles.

Decisiones hoy para no hipotecar mañana
Como ocurre en otros ámbitos clave para Canarias, el problema no es la falta de diagnósticos, sino la falta de decisiones sostenidas en el tiempo. La política energética no puede depender de ciclos electorales ni de titulares puntuales.

Requiere visión estratégica, estabilidad y responsabilidad
Canarias tiene una oportunidad real de convertir la energía en una ventaja competitiva. Pero para ello hay que actuar con realismo, sin dogmatismos y pensando en el conjunto de la economía, no solo en un objetivo aislado.

Porque sin energía competitiva no hay industria. Sin industria no hay diversificación. Y sin diversificación, Canarias seguirá siendo vulnerable.

El reto energético no es una opción, es una condición indispensable para construir un modelo económico más sólido, más equilibrado y con futuro.