Canarias vuelve a aparecer en el centro del tablero atlántico. El nuevo cable submarino impulsado por Google para conectar Estados Unidos con Europa avanza en su tramitación, pero lo hace condicionado por decisiones geopolíticas que trascienden lo técnico y sitúan a archipiélagos como Canarias y Azores como puntos vitales en la red global de datos.
La infraestructura, por la que circulará gran parte del tráfico digital —desde servicios cloud hasta inteligencia artificial—, está siendo analizada por Washington bajo criterios de seguridad nacional. En este contexto, Portugal gana peso estratégico gracias a Azores, ya integradas en rutas clave, mientras España permanece en compás de espera a la espera de decisiones internacionales.
Canarias, por su posición privilegiada en el Atlántico, emerge como nodo natural en esta nueva autopista digital. Sin embargo, su papel dependerá de la capacidad institucional para influir en un escenario donde las grandes decisiones no se toman solo en clave tecnológica, sino también política.
El Atlántico ya no es periferia. Es el nuevo centro del poder digital.