Canarias comienza 2026 sin sobresaltos aparentes, pero con demasiadas cuestiones abiertas. No es una situación de emergencia, pero tampoco un momento para la complacencia. Hay señales que invitan a parar un momento, mirar alrededor y asumir que el desarrollo de esta tierra no se puede seguir dejando a la inercia.
El futuro de Canarias no depende de una sola decisión ni de una única medida. Depende, en gran parte, de cómo seamos capaces —entre todos— de entender el momento que vivimos y de actuar con cierta coherencia colectiva.
La financiación importa, y mucho
Cuando se habla de financiación autonómica suele parecer un debate lejano, técnico, casi ajeno a la vida diaria. Pero en Canarias la financiación no es una cuestión abstracta. Es lo que marca hasta dónde podemos llegar.
Somos una región ultraperiférica, fragmentada, con sobrecostes que no desaparecen con el tiempo. Reconocer esa realidad no es una reclamación política; es simple sentido común. Sin recursos suficientes es difícil pensar en industria, en diversificación económica, en formación o en innovación.
Y aquí hay un riesgo que no siempre se menciona: acostumbrarnos. Acostumbrarnos a que falten recursos. A que los proyectos estratégicos se retrasen. A que siempre haya que renunciar a algo. La resignación es silenciosa, pero muy eficaz.
Un modelo que todavía necesita apoyos
La economía canaria ha demostrado capacidad de adaptación, pero sigue siendo muy sensible a cualquier cambio externo. El turismo seguirá siendo un pilar fundamental, pero todos sabemos que no puede soportar en solitario el peso del futuro.
Necesitamos más actividad productiva, más valor añadido que se quede aquí, empleo que permita planificar una vida sin tanta incertidumbre. La industria, la innovación y los servicios avanzados no son una alternativa teórica; son parte de la solución.
Diversificar no es abandonar lo que funciona. Es reforzarlo para que no dependa siempre de factores que no controlamos.
Vivir y trabajar aquí no debería ser tan difícil
El aumento del coste de la vida y de producir en Canarias se nota. Se nota en las familias, en los autónomos, en las pequeñas y medianas empresas. Energía, logística, vivienda… todo suma presión.
Cuando vivir se encarece, el arraigo se resiente. Cuando trabajar se complica, el talento se va. Y eso no ocurre de golpe. Ocurre poco a poco.
Corresponsabilidad, sin grandes palabras
Nada de esto se resolverá señalando culpables ni esperando soluciones milagro. Requiere corresponsabilidad. Instituciones, empresas y ciudadanía tenemos algo que aportar si queremos avanzar.
El desarrollo no es el resultado de un anuncio, sino de muchas decisiones coherentes mantenidas en el tiempo.
Mirar a 2026 con esperanza y ambición
Este no es un artículo de reproche ni de alarma. Es una invitación a asumir que Canarias tiene capacidades, talento y margen para mejorar, pero solo si somos capaces de actuar con realismo y de manera compartida, todos juntos y unidos.
2026 puede ser un año más de ajustes y esperas. O puede ser el momento de empezar a hacer las cosas de otra manera.
El futuro no se improvisa. Se construye. Y, en Canarias, se construye entre todos. ¿Empezamos?
Víctor Portugués Carrillo
Economista