El Gobierno central avanza en nuevas cesiones al Ejecutivo vasco —incluida la cogestión de aeropuertos— mientras Canarias, con infraestructuras en superávit y saturadas, sigue sin respuesta a sus reclamaciones históricas.
El acuerdo que perfila el Ejecutivo de Pedro Sánchez con el lehendakari Imanol Pradales para la cogestión de los aeropuertos vascos ha reabierto el debate territorial con una pregunta incómoda: ¿por qué Canarias sigue fuera?
Mientras Euskadi se sienta en la mesa de decisiones sobre inversiones, planificación y gestión aeroportuaria, el archipiélago —uno de los principales motores turísticos de España— continúa bajo un modelo centralizado en manos de AENA, pese a registrar superávit operativo en sus aeropuertos.
La situación resulta especialmente sangrante en infraestructuras como Tenerife Sur, donde las colas en control de pasaportes, la falta de personal y los problemas operativos han generado un deterioro evidente en la experiencia del visitante. Todo ello, sin que se traduzca en mayor capacidad de decisión para las instituciones canarias.
Desde el sector turístico y empresarial se insiste en que Canarias no solo aporta rentabilidad al sistema aeroportuario nacional, sino que además sufre un modelo que no se adapta a su condición de región ultraperiférica, dependiente al 100% del transporte aéreo.
El agravio comparativo se intensifica ahora que el Gobierno abre la puerta a fórmulas de cogobernanza en otros territorios. Canarias, pese a su peso estratégico y económico, sigue esperando una respuesta a demandas clave como la participación en la gestión, mayor inversión y soluciones urgentes a los cuellos de botella operativos.
En un momento en el que el discurso oficial habla de cohesión territorial, la realidad vuelve a situar a las islas en la periferia de las decisiones. Y no solo geográfica.