‘Canarias, oleaje y ecos del tiempo: cuando la naturaleza recuerda lo esencial’, por Víctor Portugués

En los últimos días han coincidido en Canarias una serie de hechos que, vistos de manera aislada, podrían parecer simples noticias de actualidad. Sin embargo, cuando se observan en conjunto, invitan a una reflexión mucho más profunda, de esas que no nacen del titular, sino de lo que sentimos cuando cerramos el periódico y miramos a nuestro alrededor.

El mar agitado, la pérdida de vidas en contacto con la naturaleza, un paisaje que cambia de forma inesperada o el reconocimiento a trayectorias humanas que inspiran… todo ello nos habla, en el fondo, de lo mismo: de cómo vivimos, de qué valoramos y de cómo respondemos a lo que no controlamos.

El mar: belleza, fuerza y respeto

El mar forma parte de nuestra identidad. Nos alimenta, nos da trabajo, nos acompaña desde siempre. Pero también nos recuerda, de vez en cuando, que no es un decorado, sino una fuerza viva.

Esta semana, los avisos por fuerte oleaje en distintas costas del Archipiélago nos han devuelto esa sensación tan conocida en Canarias: la de mirar al horizonte con respeto. No desde el miedo, sino desde la conciencia de que convivimos con un entorno poderoso, cambiante y, a veces, imprevisible.

La trágica pérdida de una persona en una jornada marcada por condiciones adversas nos duele a todos, incluso cuando no conocemos a quien la sufrió. Porque en las islas sabemos bien que la naturaleza no distingue entre experiencia o confianza excesiva. Nos recuerda, sin palabras, la importancia de la prudencia y del cuidado.

No se trata de alarmismo. Se trata de memoria colectiva.

Cuando el paisaje cambia y nos sorprende

Al mismo tiempo, este invierno nos ha dejado imágenes que parecían casi imposibles. Zonas tradicionalmente áridas, como Fuerteventura, teñidas de un verde intenso que ha sorprendido a propios y extraños.

Ese paisaje no es solo una curiosidad. Es un recordatorio de que la naturaleza responde. De que pequeños cambios en el clima, en la lluvia o en los ciclos naturales tienen efectos visibles y profundos.

Mirar esos campos verdes genera admiración, pero también preguntas: cómo gestionamos el agua, cómo cuidamos la tierra, cómo planificamos el territorio pensando no solo en hoy, sino en mañana. No desde la nostalgia, sino desde la responsabilidad.

Personas que abren camino

Entre noticias duras y cambios naturales, también llegan señales que reconfortan. El reconocimiento a mujeres canarias que destacan en ámbitos tan distintos como la cultura, la ciencia, la economía o la comunicación nos recuerda algo esencial: el talento existe, está aquí y toma muchas formas.

Visibilizar esas trayectorias no es solo un gesto simbólico. Es una manera de decir, especialmente a quienes vienen detrás, que hay caminos posibles, que el esfuerzo cuenta y que la diversidad enriquece a toda la sociedad. Son noticias que no hacen ruido, pero dejan huella.

Volver a lo importante

Oleajes, paisajes que cambian, pérdidas humanas, reconocimientos… Todo ello nos lleva, casi sin darnos cuenta, a una misma pregunta: qué tipo de sociedad queremos ser en un territorio tan frágil y tan valioso como Canarias.

Somos islas, pero no estamos aislados. Somos naturaleza, pero también somos personas. Somos historia, pero seguimos escribiéndola cada día.

Más allá de datos y estadísticas, estos hechos nos invitan a vivir con más conciencia, a cuidarnos más entre nosotros y a entender que muchas de las respuestas que buscamos no están en grandes discursos, sino en pequeñas decisiones compartidas.

Porque al final, lo que nos define no es solo el lugar donde vivimos, sino cómo vivimos juntos, cómo reaccionamos ante lo inesperado y cómo somos capaces de transformar los desafíos en aprendizaje.

Y eso, en Canarias, solo es posible si lo hacemos entre todos.

Víctor Portugués Carrillo

Economista