Hay decisiones económicas que pasan desapercibidas para la mayoría de la gente, pero que, con el tiempo, acaban teniendo un impacto profundo en la vida de un territorio.
Esta semana hemos conocido una de esas decisiones: la operación que permitirá a Balearia asumir los activos de Naviera Armas y reorganizar buena parte del transporte marítimo que conecta Canarias entre sí y con la península.
Puede parecer un asunto empresarial más. Pero en Canarias nunca lo es. Porque aquí, el transporte no es solo un sector económico. Es una cuestión estructural.
Mucho más que barcos
En un territorio continental, la logística es importante. En Canarias, es esencial. Cada mercancía que llega, cada producto que se exporta, cada desplazamiento entre islas depende de un sistema de transporte que funciona como una auténtica red vital.
Por eso, cuando una naviera entra en dificultades o cuando se reorganiza el sector, no estamos hablando únicamente de balances empresariales.
Estamos hablando de:
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La competitividad de nuestras empresas
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El precio de lo que consumimos
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La capacidad de mover mercancías con regularidad
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De la cohesión del propio archipiélago
Y precisamente por eso, la operación de Armas abre una reflexión que va más allá de lo inmediato.
Una oportunidad para fortalecer un sector estratégico
Durante los últimos años, el transporte marítimo en Canarias ha vivido momentos complejos: tensiones financieras, deterioro de flota, incertidumbre laboral y dudas sobre la calidad del servicio. En ese contexto, la entrada de un operador con capacidad inversora introduce un elemento que merece ser valorado: la posibilidad de reforzar un sector clave con una visión de futuro más sólida.
Pero hay un aspecto de esta operación que, quizá, no ha recibido toda la atención que merece.
El valor de que el capital canario esté presente
La participación de empresarios canarios en esta operación no es un detalle menor. Es, en realidad, una señal que apunta en una dirección que Canarias debería reforzar en el futuro.
Porque cuando el capital local está presente en sectores estratégicos, ocurre algo importante: las decisiones no se toman únicamente desde una lógica financiera, sino también desde una comprensión directa del territorio.
Se entiende mejor la importancia de las rutas. Se percibe con mayor claridad el impacto sobre el tejido empresarial. Y se incorpora una visión más cercana a las necesidades reales de las islas.
No se trata de cuestionar la entrada de operadores externos —que en muchos casos es necesaria y positiva— sino de complementar esa capacidad con una participación activa del empresariado canario.
Porque eso genera equilibrio. Y el equilibrio, en sectores estratégicos, es fundamental.
Una idea que debería consolidarse
Quizá una de las lecciones más interesantes que deja esta operación es precisamente esa: la importancia de que el capital canario esté presente en decisiones clave. No como una excepción. Sino como una práctica habitual.
En sectores como: La energía; La logística; La alimentación; Infraestructuras estratégicas, la participación de empresarios vinculados al territorio puede aportar estabilidad, compromiso a largo plazo y una visión que va más allá de los ciclos económicos.
No es una cuestión identitaria. Es una cuestión de inteligencia económica.
La conectividad como base del desarrollo
A veces se habla del desarrollo económico en términos de sectores: turismo, industria, tecnología. Pero hay algo que está por debajo de todo eso y que rara vez se menciona lo suficiente: la conectividad.
Sin una red de transporte eficiente: la industria pierde competitividad, el comercio se encarece, el sector primario tiene más dificultades, y la movilidad entre islas se resiente.
En Canarias, la conectividad no es solo infraestructura. Es parte del modelo económico. Por eso, mejorarla no es una cuestión técnica. Es una decisión estratégica.
Pensar en clave de sistema
Lo interesante de este momento es que permite abrir un debate más amplio. Canarias no solo necesita operadores eficientes. Necesita un sistema logístico robusto. Esto lleva aparejado la necesidad de: flotas modernas y fiables, estabilidad en las rutas, competencia equilibrada y una planificación que tenga en cuenta el interés general.
La conectividad en Canarias no puede dejarse únicamente a la lógica del mercado. Requiere equilibrio. Más allá de una operación puntual. Sería un error analizar esta noticia como un hecho aislado. Forma parte de algo más amplio: la necesidad de reforzar los pilares que sostienen la economía canaria.
En un mundo donde la incertidumbre es cada vez mayor, los territorios que mejor funcionan son aquellos que tienen capacidad para influir en sus propios sectores estratégicos. Y en Canarias, eso pasa también por el papel que juega su propio tejido empresarial.
Una mirada hacia el futuro
Quizá una de las conclusiones más interesantes de esta semana es que el desarrollo de Canarias no depende solo de atraer actividad o de crecer económicamente.
Depende también de algo menos visible, pero igual de importante: cómo se sostienen los elementos básicos que hacen posible ese crecimiento. La energía, la logística, la conectividad. Y también quién participa en esas decisiones.
Porque cuando el empresariado local forma parte de los sectores estratégicos, el desarrollo no solo se mide en cifras. Se mide en compromiso, en estabilidad y en capacidad de construir a largo plazo.
Una idea sencilla
Canarias siempre ha sido un territorio conectado al mundo. Pero en los próximos años, el reto no será solo estar conectados.
Será estar bien conectados. Y también, en la medida de lo posible, estar conectados con capacidad de decidir sobre aquello que nos afecta. Porque en un archipiélago, la distancia no se mide solo en kilómetros. Se mide en la capacidad de acercar oportunidades.
Y eso, en gran parte, depende de cómo seamos capaces de construir y también de participar, cada vez más, en aquello que nos une.
Víctor Portugués Carrillo
Economista