Hay temas que no siempre ocupan el centro del debate económico, pero que terminan condicionándolo todo. El agua es uno de ellos.
Durante años hemos hablado de turismo, energía, vivienda, productividad, diversificación económica o industria. Todos son debates necesarios. Pero quizá no hemos dedicado suficiente atención a un elemento mucho más básico, más silencioso y, al mismo tiempo, más decisivo: sin agua suficiente, estable y competitiva no hay desarrollo posible.
Y sin embargo, pocas veces hablamos del agua como lo que realmente es. No es únicamente un recurso natural. Es una infraestructura económica. Es un factor de competitividad. Y cada vez más, es también una cuestión estratégica para el futuro de Canarias.
El agua que sostiene lo que no siempre vemos
Cuando abrimos un grifo pocas veces pensamos en todo lo que hay detrás, existe todo un mundo de actividad económica a su alrededor, empezando por la captación, la Desalación y depuración. Más delante la regeneración y el bombeo, seguimos con las Redes de distribución y la Energía, terminando con el Mantenimiento las Inversiones y la necesaria Planificación.
En Canarias, además, este sistema es especialmente complejo.
Somos un territorio fragmentado, con recursos hídricos limitados, una elevada presión demográfica, una actividad turística intensa y sectores productivos que necesitan disponer de agua de manera constante y a costes razonables.
Por eso, hablar de agua es hablar también de competitividad. Lo sabe un agricultor cuando calcula la viabilidad de una explotación. Lo sabe una industria alimentaria cuando planifica su producción. Lo sabe una empresa turística cuando debe garantizar la calidad del servicio.
Y lo sabe cualquier familia cuando empieza a percibir que los recursos esenciales no pueden darse nunca por garantizados.
Hay un dato que ayuda a entender la singularidad de Canarias.
Aproximadamente un tercio del agua consumida en el Archipiélago procede de la desalación, una proporción prácticamente única en Europa. En algunas islas y municipios la dependencia es incluso mucho mayor.
En Las Palmas de Gran Canaria, por ejemplo, más del 85% del agua de abastecimiento procede del mar. Dicho de otra forma: millones de litros de agua que utilizamos cada día no proceden de ríos o embalses, sino de tecnología, conocimiento, energía e inversión.
Y eso convierte al agua en mucho más que un recurso natural. La convierte en una cuestión económica de primer nivel.
De la emergencia a la estrategia
Durante los últimos años, Canarias ha vivido diversos episodios de estrés hídrico.
En Tenerife, por ejemplo, la declaración de emergencia hídrica obligó a poner en marcha medidas extraordinarias para garantizar el suministro y aumentar la disponibilidad de recursos. La situación pudo estabilizarse gracias a nuevas infraestructuras, mejoras en la gestión y condiciones meteorológicas más favorables.
Pero superar una emergencia no significa resolver un problema estructural. Significa haber ganado tiempo. Y el tiempo, en materia de agua, debe utilizarse para invertir, modernizar y anticiparse.
Porque si algo nos están enseñando los últimos años es que el clima ya no permite gestionar los recursos hídricos como antes. Las lluvias son más irregulares. Los fenómenos extremos más frecuentes. Y la presión sobre el agua cada vez mayor.
Hay otro dato especialmente significativo. Según diversos estudios sobre desertificación, más del 90% del territorio canario presenta condiciones de aridez o riesgo de desertificación.
Es una realidad que obliga a gestionar cada gota con una visión estratégica de largo plazo. Y además existe otro problema menos visible. En algunas redes hidráulicas continúan registrándose pérdidas importantes de agua debido al envejecimiento de infraestructuras y a la necesidad de modernización.
Por eso, el reto no consiste únicamente en producir más agua. Consiste también en aprovechar mejor la que ya tenemos. La oportunidad y sobre todo necesidad, de producir agua mejor que en la actualidad
Lo interesante es que Canarias no parte de cero. Todo lo contrario. Nuestra historia reciente demuestra que hemos sabido convertir una limitación en una capacidad tecnológica.
Hace ya seis décadas, Lanzarote puso en funcionamiento la primera planta desaladora de España y una de las primeras de Europa. Aquella decisión transformó para siempre la forma de entender el agua en las islas. Lo que comenzó como una necesidad terminó convirtiéndose en una referencia tecnológica internacional.
Y esa capacidad innovadora continúa vigente.
Canarias se ha situado en los últimos años a la vanguardia mundial de la desalación eficiente, desarrollando tecnologías capaces de reducir significativamente el consumo energético asociado a la producción de agua. Esto abre una oportunidad que va mucho más allá del abastecimiento.
Porque Canarias puede convertirse en un laboratorio internacional para soluciones vinculadas a la gestión hídrica, la desalación sostenible, la reutilización y la economía circular. Y eso significa innovación. Pero también empleo cualificado, generando una importante actividad industrial, que genera transferencia tecnológica y sobre todo, nuevas oportunidades económicas.
Agua, industria y economía circular
Hay otro aspecto que merece una reflexión especial. Cuando hablamos de economía circular solemos pensar en reciclaje, residuos o reutilización de materiales. Sin embargo, el agua debería ocupar un lugar central en esa estrategia. Hay que pensar en aspectos vitales e imprescindibles, sobre todo en un territorio como Canarias, y son actividades que con voluntad se pueden y deben de llevar a cabo ya, de una manera urgente, entre ellas destaco, la reutilización de agua depurada, reducir pérdidas, digitalizar redes, aprovechar energías renovables para desalación, Incrementar el uso de agua regenerada en agricultura. Desarrollar nuevas tecnologías asociadas al ciclo integral del agua.
Todo ello forma parte de una economía circular moderna y eficiente. Y también representa una oportunidad para el desarrollo industrial de Canarias.
Porque detrás de cada solución tecnológica vinculada al agua existen empresas, profesionales, ingenieros, centros tecnológicos y conocimiento que puede generar actividad económica.
En otras palabras: el agua no solo se consume. También puede generar valor. Y es mucho más que una cuestión ambiental. Con frecuencia tendemos a analizar el agua desde una perspectiva exclusivamente ambiental. Y evidentemente lo es. Pero limitar el debate únicamente a ese ámbito sería un error. Porque para nosotros, el agua es seguridad alimentaria, es competitividad para la industria, es sostenibilidad para el turismo, es estabilidad para la agricultura y es calidad de vida para las familias.
Pero también es una condición imprescindible para atraer inversión y desarrollar nuevos sectores económicos. Ninguna estrategia de desarrollo económico puede construirse ignorando algo tan básico.
Una reflexión necesaria
Quizá durante demasiado tiempo hemos pensado en el agua como un recurso que simplemente debía llegar a nuestros hogares, a nuestras empresas o a nuestras explotaciones agrícolas.
Pero el agua es mucho más que eso. Es una infraestructura estratégica, genera seguridad y desarrolla una competitividad importarte en territorios donde se dispone de ella en condiciones y cantidad suficiente para la población y la actividad de ese territorio.
Es competitividad y genera resiliencia. Y también puede ser innovación, conocimiento y oportunidades económicas para Canarias. Porque en un territorio donde una parte muy importante del agua depende de la desalación y donde más del 90% del suelo presenta condiciones de aridez, gestionar el agua no consiste únicamente en evitar que falte.
Consiste en decidir qué futuro queremos construir.
Y quizá una de las grandes oportunidades de Canarias para las próximas décadas sea precisamente esa: convertir una necesidad histórica en una ventaja competitiva. Porque las sociedades más inteligentes no son aquellas que tienen menos limitaciones.
Son aquellas que aprenden a transformar sus limitaciones en fortalezas. Y pocas fortalezas serán tan importantes para el futuro de Canarias como el agua.
Víctor Portugués Carrillo
Economista