Canarias vuelve a mirar a Venezuela con una mezcla de emoción, incertidumbre y memoria compartida. La crisis abierta tras la operación estadounidense y el colapso del poder chavista ha tenido un eco inmediato en el Archipiélago, especialmente entre los miles de canarios-venezolanos, herederos de una relación histórica que ha convertido a Venezuela en la llamada novena isla.
Desde primeras horas de la madrugada, asociaciones, familias y colectivos de origen canario en Venezuela han mantenido contacto permanente con las Islas. Las llamadas, los mensajes y las videollamadas se han multiplicado. No hay celebraciones públicas organizadas, pero sí una emoción contenida. Muchos hablan de alivio, otros de prudencia. La palabra más repetida es “esperar”.
En Canarias, la reacción ha sido discreta pero intensa. Concentraciones espontáneas, banderas venezolanas en balcones, mensajes de esperanza y también de cautela. Los canarios que tienen familia al otro lado del Atlántico saben que cualquier cambio político en Venezuela no es inmediato ni sencillo, y que el futuro dependerá de cómo se gestione el día después.
Las asociaciones de emigrantes canarios y casas regionales coinciden en un mensaje común: calma, diálogo y protección para la población civil. Muchos recuerdan que Venezuela fue durante décadas tierra de acogida para miles de isleños que huyeron del hambre y la pobreza, y que hoy Canarias devuelve esa mirada solidaria.
Instituciones canarias siguen los acontecimientos con atención, conscientes de que cualquier estabilización en Venezuela puede tener impacto directo en flujos migratorios, retornos y reagrupaciones familiares. La Novena Isla no es un concepto simbólico: es una realidad humana, emocional y económica.
Mientras Caracas grita cambio y el mundo observa, Canarias escucha. Escucha a sus hijos, a sus nietos, a una diáspora que nunca dejó de sentirse canaria. La Novena Isla vuelve a latir con fuerza, esperando que esta vez la historia abra, por fin, una puerta de futuro.