La erupción del Tajogaite, que comenzó en La Palma en septiembre de 2021, dejó tras de sí un importante impacto sobre la isla, pero también ha servido para reforzar las capacidades científicas y técnicas destinadas a vigilar la actividad volcánica y otros peligros geofísicos. A las puertas del quinto aniversario del inicio del proceso eruptivo, el Instituto Geográfico Nacional (IGN) destaca la incorporación de nuevas redes de observación, sistemas automatizados, herramientas de inteligencia artificial y modelos de simulación.
La experiencia de La Palma provocó «un gran impacto» en el Ministerio de Transportes y llevó a impulsar una reforma del IGN para mejorar la organización de las capacidades relacionadas con los peligros geofísicos. En este proceso se creó una Subdirección General específica e independiente y se modificaron las condiciones laborales del personal especializado para adaptarlas a las necesidades de las emergencias, con una apuesta por «una clara profesionalización» de estos equipos.
Uno de los proyectos surgidos de este proceso es ALERTA CO2, desarrollado por el IGN junto al Instituto Volcanológico de Canarias (Involcan). La iniciativa cuenta con más de 1.500 sensores destinados a vigilar las concentraciones de dióxido de carbono de origen volcánico, lo que, según el IGN, la convierte en la red de monitorización de CO2 volcánico más densa del mundo.
La erupción puso de manifiesto la necesidad de disponer de sistemas de observación capaces de ofrecer información con mayor rapidez y precisión. En este sentido, la red sísmica de La Palma ya fue reforzada durante 2021 y sus datos permanecen disponibles para su consulta y estudio por parte de instituciones.
La emergencia terminó. La reconstrucción, no
Y esa es probablemente la mejor fotografía de La Palma cinco años después. La isla ha avanzado de manera incuestionable, pero todavía no puede colocar un punto final detrás de la palabra volcán.
Hay cosas que sí se han conseguido. Una de las más visibles fue recuperar la movilidad en el Valle de Aridane. En mayo de 2023 entró en funcionamiento la nueva carretera de la costa, 3,9 kilómetros levantados atravesando las coladas entre las carreteras LP-213 y LP-215, después de una inversión estatal de 38 millones de euros. Fue una obra excepcional por la temperatura y las condiciones del terreno y permitió volver a conectar zonas agrícolas, viviendas y núcleos que habían quedado separados por la lava.
También se han recuperado viales en el polígono del Callejón de la Gata y se ultima actualmente la recuperación definitiva de la LP-211 de Todoque. Pero una de las grandes arterias pendientes, la LP-2 entre Las Manchas y Tajuya, todavía está en obras: en agosto había superado el 30% de ejecución. La actuación supera los 24 millones de euros y su finalización está prevista para el primer cuatrimestre de 2027.
La vivienda resume mejor que ningún otro asunto las dos caras de estos cinco años.
El Gobierno de Canarias anunció en agosto de 2025 que había completado el proceso de compensación por el valor real de las viviendas habituales sepultadas, con 1.415 beneficiarios incluidos en las órdenes de pago y 25 expedientes que entonces permanecían sin abonar por problemas documentales, herencias o dificultades para localizar a los titulares.
Pero cobrar una vivienda perdida y recuperar una vida no son exactamente lo mismo.
Todavía en marzo de este año Gobierno y Cabildo reconocían que había damnificados viviendo en casas contenedor y de madera. Precisamente para ellos se adquirió por 10,3 millones de euros un edificio de 53 viviendas en Los Llanos de Aridane, destinado prioritariamente a ofrecer una alternativa de alquiler social a quienes continúan en esas soluciones temporales.
Y cinco años después siguen existiendo ayudas al alquiler para familias afectadas. El propio Instituto Canario de la Vivienda continúa aprobando pagos en septiembre de 2026, con una dotación presupuestaria de 600.000 euros para este ejercicio.
Puerto Naos, el símbolo de que también se vuelve
Si existe una imagen de recuperación es Puerto Naos. Durante años fue también la imagen de lo que el volcán había dejado después de apagarse: casas intactas a las que sus propietarios no podían entrar por las concentraciones de dióxido de carbono.
La situación ha cambiado sustancialmente.
A 15 de septiembre, el Cabildo había autorizado el regreso a 1.182 viviendas en Puerto Naos y 65 en La Bombilla. Son 1.247 hogares con permiso para recuperar progresivamente la normalidad. Una red de alrededor de 1.600 medidores controla permanentemente los niveles de CO₂, mientras han reabierto establecimientos, el hotel y zonas de baño que permanecieron cerradas.
Es probablemente uno de los avances más importantes de estos cinco años. Pero incluso allí la recuperación continúa vivienda a vivienda, garaje a garaje y calle a calle.
El campo sigue esperando
Donde las cifras son mucho menos complacientes es en la agricultura.
Las plataneras volvieron a crecer incluso encima de la lava. En enero de 2025 se recogieron las primeras piñas de plátanos de una explotación reconstruida sobre las coladas en Las Hoyas. Aquella imagen demostró que volver a cultivar sobre el nuevo territorio era posible.
Pero posible no significa terminado.
En junio de 2026, el dato manejado públicamente situaba en apenas un 32% las fincas afectadas ya recuperadas o en proceso de reconstrucción. El resto continúa condicionado por el coste de las sorribas, los accesos, las pistas agrícolas, las conducciones de agua y las redes de riego.
Asepalma cifra en unos 223 millones de euros el impulso que considera necesario para completar la reconstrucción agrícola. El Gobierno de Canarias y representantes empresariales habían situado en torno a 224 millones las necesidades globales de esta fase de recuperación.
Hace apenas unos días, el Estado habilitó legalmente a Canarias para utilizar 100 millones de euros adicionales destinados a ayudas relacionadas con las consecuencias de la erupción, especialmente relevantes para el sector agrario.
Cinco años después, por tanto, el dinero continúa llegando porque la reconstrucción continúa necesitándolo.
Más de mil millones y una cuenta que todavía no está cerrada
La dimensión económica de la respuesta pública ha sido extraordinaria. El Gobierno de España cifraba en diciembre de 2025 su aportación acumulada en 1.237,5 millones de euros, aproximadamente el 72% del dinero público movilizado hasta entonces para la recuperación de La Palma.
A ello se añaden los recursos de Canarias, del Cabildo, de los ayuntamientos y los nuevos fondos que siguen incorporándose.
Pero quizá a los cinco años la pregunta ya no sea únicamente cuánto dinero se ha puesto.
La pregunta es cuánto queda por reconstruir.
Porque La Palma tiene hoy carreteras donde antes sólo había lava, familias que han regresado a Puerto Naos, agricultores que vuelven a cortar plátanos sobre terrenos que hace cinco años ardían y damnificados que han cobrado por aquello que desapareció.
Pero también mantiene viviendas provisionales, agricultores pendientes de recuperar sus explotaciones, carreteras todavía en ejecución y familias que siguen esperando una solución definitiva.
El Tajogaite tardó 85 días en destruir una parte del Valle de Aridane. Reconstruirla está necesitando años.
Cinco años después, La Palma puede decir que ha recorrido una enorme distancia. Lo que todavía no puede decir es que haya llegado al final. El quinto aniversario no cierra la etapa de recuperación. La propia Administración lo reconoce con sus decisiones más recientes.
Las ayudas al alquiler para los afectados siguen vigentes en 2026; la LP-2 tiene prevista su apertura durante el primer cuatrimestre de 2027; las 53 viviendas de Los Llanos están llamadas a sustituir soluciones habitacionales provisionales; el retorno a Puerto Naos y La Bombilla continúa realizándose de manera progresiva y el sector agrícola sigue reclamando recursos para recuperar explotaciones, pistas y redes de riego.
Incluso el Real Decreto aprobado este mes de septiembre parte de una constatación expresa: cinco años después persisten consecuencias económicas y sociales derivadas de la erupción que hacen necesario mantener medidas extraordinarias.
La Palma ha dejado atrás la emergencia volcánica. Lo que todavía no ha dejado atrás es la reconstrucción.
