De Ceuta a Canarias: el informe reservado de Arístegui advierte del nuevo tablero geopolítico en el Atlántico

El diplomático y exembajador de España Gustavo de Arístegui sitúa a Canarias dentro del nuevo tablero geopolítico abierto tras la crisis de Ceuta y advierte de que determinados planteamientos internacionales empiezan a ir mucho más allá de las ciudades autónomas para adentrarse directamente en el control estratégico del Atlántico.

Así se desprende de una extensa nota de análisis reservada, fechada el 3 de septiembre, en la que Arístegui examina las razones de la entrada masiva registrada en Ceuta el pasado 30 de julio y defiende la tesis de que existió una operación de presión previamente preparada contra España que terminó fuera de control.

El documento sostiene que hubo premeditación en la preparación de los cruces, con grupos organizados en redes sociales, instrucciones sobre rutas, equipamiento y convocatorias concretas, aunque considera que la dimensión final de la avalancha superó ampliamente lo inicialmente previsto.

Pero el informe introduce además un elemento especialmente relevante para Canarias.

Arístegui analiza diferentes artículos, posicionamientos y documentos internacionales que durante los últimos meses han cuestionado la españolidad de Ceuta y Melilla o han planteado abiertamente una revisión de su situación estratégica.

En uno de esos textos, publicado en la sección de blogs del Times of Israel, se llega incluso a plantear una revisión jurídica internacional de Ceuta, Melilla y las Islas Canarias.

Arístegui subraya que Canarias es territorio español desde el siglo XV, región ultraperiférica de la Unión Europea y que no existe ninguna disputa internacional real sobre la soberanía del Archipiélago. Precisamente por ello considera especialmente significativa su inclusión en ese planteamiento.

Para el diplomático, cuando Canarias aparece dentro del mismo paquete que Ceuta y Melilla, la cuestión deja de poder explicarse únicamente como una discusión histórica o colonial y empieza a señalar directamente hacia intereses geoestratégicos relacionados con las rutas atlánticas.

El informe interpreta que detrás de determinados movimientos existe una creciente pugna por el control de los espacios que conectan el Mediterráneo, el Estrecho de Gibraltar y el Atlántico.

Ceuta tendría un valor fundamental como punto de vigilancia del Estrecho, mientras que Canarias se encuentra en una posición estratégica privilegiada sobre las grandes rutas atlánticas entre Europa, África y América.

Arístegui insiste en que no existe una reclamación internacional sobre Canarias y rechaza cualquier equiparación histórica o jurídica con Ceuta y Melilla. Precisamente por eso considera que su aparición en determinados análisis internacionales constituye una señal que España debería observar con atención.

El documento también recupera la relación histórica de Canarias con el conflicto del Sáhara y recuerda los ataques sufridos por pescadores españoles durante las décadas de los setenta y ochenta.

Arístegui menciona expresamente embarcaciones como el Cruz del Mar, el Junquito, el Gorgomar, el Mencey de Abona o el Togomago, nombres que, según señala, permanecen especialmente presentes en la memoria de Canarias.

El análisis concluye dibujando un escenario mucho más amplio que la propia crisis migratoria de Ceuta.

Para Arístegui, lo ocurrido el 30 de julio forma parte de un nuevo escenario de presión geopolítica en el que migración, campañas internacionales, intereses estratégicos y control de las grandes rutas marítimas se entrecruzan.

Y en ese mapa Canarias aparece como una pieza estratégica de primer nivel.

De Ceuta al Estrecho y del Estrecho al Atlántico. El informe reservado de Arístegui plantea que España afronta una nueva realidad geopolítica en su frontera sur y advierte de que el Archipiélago debe observar con atención cualquier movimiento que pretenda convertir su posición estratégica en objeto de discusión internacional.