Estados Unidos e Irán han logrado un principio de acuerdo para avanzar hacia la reapertura del estrecho de Ormuz, el corredor marítimo por el que transita alrededor de una quinta parte del petróleo que se consume en el mundo. El entendimiento, todavía pendiente de concretar y ratificar, busca garantizar la libre navegación en una de las zonas más sensibles para la economía global y reducir la escalada de tensión que ha marcado los últimos meses en Oriente Medio.
Las conversaciones, impulsadas con la mediación de varios actores internacionales, contemplan medidas de seguridad para el tráfico marítimo y nuevos contactos diplomáticos sobre cuestiones nucleares y regionales. Sin embargo, el pacto no cuenta con un respaldo unánime. Los sectores más duros tanto en Washington como en Teherán consideran que las concesiones realizadas son excesivas y han mostrado públicamente su rechazo al acercamiento.
La reapertura de Ormuz supondría un alivio para los mercados energéticos internacionales, pendientes de cualquier incidente en una ruta clave para las exportaciones de crudo y gas de los países del Golfo. Mientras continúan las negociaciones, la comunidad internacional observa con cautela unos contactos que podrían abrir una nueva etapa de estabilidad en la región o volver a encallar por las profundas diferencias que aún separan a ambas potencias.