El Editorial del domingo en La Gaceta: ‘Te-rompo-el-bolsillo.com’

Septiembre dice hola a Canarias: se acaba el recreo, vuelve la política, regresa el cole y toca currar, pagar… y exigir.

Agosto empieza a recoger las sombrillas. Septiembre asoma la cabeza. Y cuando septiembre dice hola, Canarias, conviene entender el mensaje: se acabó el recreo.

Y no hablamos solo de política.

Esta semana hemos tenido de todo. Incluso un terremoto que se sintió en Tenerife y que volvió a recordarnos algo que aquí repetimos desde hace tiempo: vivimos donde vivimos. Tenemos al Teide, tenemos volcanes, tenemos actividad sísmica y tenemos una obligación colectiva que se llama prevención.

Sin alarmismo. Sin titulares apocalípticos. Sin convertir cada movimiento de tierra en el tráiler de una película de catástrofes.

Pero tampoco mirando para otro lado.

El IGN registró este miércoles un sismo de magnitud 3,6 en aguas próximas a Tenerife, dentro de una secuencia de movimientos sísmicos. Y cuando la tierra habla, aunque sea bajito, hay que escucharla.

En este periódico siempre hemos defendido precisamente eso: prevenir antes que lamentar. Nos lo enseñó hace tiempo Alfonso Escalero y nos lo ha vuelto a recordar muchas veces ese extraordinario ejercicio de fotoperiodismo ciudadano que representa I Love Santa Cruz: una ciudad y una sociedad que conocen su historia están siempre mejor preparadas para afrontar su futuro.

No hay que tener miedo al Teide.

Hay que tenerle respeto.

Que es muy diferente.

Y de Tenerife nos vamos a Madrid, pasando —cómo no— por Lanzarote, Andorra y donde haga falta.

Porque Pedro Sánchez también ha protagonizado su particular final del verano. ABC destapó sus planes para prolongar las vacaciones con una escapada a Andorra después de Lanzarote y, esta vez, parece que alguien en Moncloa hizo aquello tan revolucionario de mirar el calendario, mirar Ceuta y decir: presidente, igual no es el momento.

Por una vez se impusieron los asesores.

Bienvenidos sean.

Porque Ceuta está metida en un huracán político, migratorio, social y diplomático que no admite más tumbonas. Sánchez quería comparecer el 9 de septiembre y finalmente lo hará el día 3, después de que la presión parlamentaria adelantara la fecha.

Más vale tarde que el día 9.

Y aquí hay una cuestión que trasciende a PP, PSOE, Vox, Sumar y a todo el catálogo de siglas nacionales: España tiene que hablar de Marruecos.

Hablar claro.

Porque cuando una crisis migratoria alcanza estas dimensiones, discutir únicamente sobre quién acoge, quién reparte, quién devuelve o quién tuvo la culpa es contemplar media fotografía. Al otro lado de la frontera también hay un Estado. Se llama Marruecos.

Y alguna responsabilidad tendrá.

Digo yo.

Y por si a Ceuta le faltaba algo, la crisis ha terminado entrando también por la puerta del Consejo de Ministros. Interior y Defensa han exhibido sus diferencias en público, precisamente dos departamentos que deberían caminar con el paso perfectamente acompasado ante una situación de esta magnitud. Dos ministros, ambos jueces, ambos con una trayectoria que presupone conocimiento, rigor y sentido de Estado, enfrentados mientras Ceuta espera respuestas. No es precisamente la fotografía de un Gobierno compacto. Es la imagen de un Ejecutivo que empieza a enseñar sus fracturas y al que el calendario tampoco le concede tregua. Porque en política hay momentos en los que cada día cuenta. Y para este Gobierno, ahora mismo, cada día que pasa es un día menos.

Septiembre también llega con otro terremoto, aunque este no lo registre ningún sismógrafo: la vivienda.

El metro cuadrado continúa por las nubes y durante años hemos escuchado que esto no tenía techo. Empezamos a pensar justamente lo contrario.

El boom asfixiante de la vivienda morirá más pronto que tarde.

No significa que mañana los pisos cuesten la mitad. Ni mucho menos. Significa que existe un límite económico, social y hasta biológico: si nadie puede pagar lo que pides, llegará un momento en que tendrás que dejar de pedirlo.

Y cuidado con la avaricia.

Para grandes tenedores y también para pequeños propietarios que han pensado que cualquier apartamento de 60 metros cuadrados se había convertido por generación espontánea en el Palacio de Versalles.

Los bancos también terminarán abriendo la mano. Los organismos públicos aprietan, los gobiernos saben que el acceso a la vivienda puede convertirse en uno de los grandes problemas electorales de 2027 y el crédito hipotecario tendrá que recuperar protagonismo.

Porque comprar una vivienda no puede volver a ser un deporte reservado para ricos o herederos.

La vivienda es para vivir.

Parece una obviedad.

En 2026 casi hace falta escribirlo en una pancarta.

Y hablando de cosas que funcionan, también conviene decirlas. Porque parece que solamente sabemos abrir la boca cuando algo sale mal.

Varias usuarias que utilizan diariamente el transporte público entre el Sur y Santa Cruz para ir y volver del trabajo nos han trasladado estos días una opinión muy sencilla sobre las nuevas guaguas de dos pisos:

son un espectáculo.

Pues también se dice.

Sin guerras políticas, sin argumentarios y sin mirar el color del partido que gobierna.

La apuesta por el transporte público que está desarrollando Rosa Dávila ha sabido interpretar uno de los grandes latidos de la Tenerife del presente y, sobre todo, del futuro: la movilidad.

Queda muchísimo por hacer. La TF-5 continúa siendo la TF-5, la TF-1 continúa recordándonos determinadas mañanas que la paciencia también debería cotizar en Bolsa y ninguna guagua de dos pisos solucionará por sí sola décadas de retraso.

Pero cuando algo mejora, se reconoce.

Una cosa es una cosa y dos son dos.

Y llegamos a septiembre.

El mejor mes del verano para los listos. Menos gente, mejores precios, restaurantes respirando y playas donde vuelve a aparecer la arena.

Pero septiembre no tiene el sabor de junio, julio y agosto.

No nos engañemos.

Septiembre huele a despertador.

Toca remangarse. Toca currar. Toca exigir. Y especialmente toca exigir a unos políticos que ya empiezan a mirar descaradamente hacia 2027.

Elecciones.

La palabra mágica.

A partir de ahora veremos inauguraciones, anuncios, proyectos, primeras piedras, segundas piedras y probablemente alguna tercera piedra si queda presupuesto.

Nosotros estaremos aquí para contarlo.

Lo bueno y lo malo.

Y mientras los mayores regresamos al trabajo, vuelve también la bendita rutina del colegio.

Bendita para los padres.

No tanto para sus cuentas corrientes.

Porque mañana lo leerán aquí: te-rompo-el-bolsillo.com.

La vuelta al cole puede superar de media los 2.000 euros por alumno cuando se suman matrícula, material, uniformes, comedor, transporte y actividades.

Dos mil euros.

Aquello de «mamá, necesito una libreta» ha evolucionado peligrosamente.

Nunca volver al cole fue tan parecido a pedir una hipoteca.

Así que feliz semana.

Feliz retorno.

Disfruten de los últimos coletazos del verano quienes puedan y, quienes no, recuerden que septiembre también tiene algo bueno: devuelve las cosas a su sitio.

Los niños al colegio.

Los adultos al trabajo.

Los políticos al Parlamento.

Y al presidente del Gobierno, esta vez, el día 3.

Que ya tocaba.