Entre la gestión valiente, la política de trinchera y una sociedad que exige altura

El editorial del domingo en La Gaceta de Canarias: Canarias no es un clínex de usar y tirar: las medidas llegan 10 días después que en la península

Gobernar no es agradar. Gobernar es decidir. Y decidir implica, muchas veces, ir de frente. Rosa Dávila lo ha hecho. Fue de las primeras en plantear medidas e ideas para afrontar el colapso del tráfico en Tenerife, en el norte y en el sur. Lo hizo cuando no era cómodo. Y como tantas veces ocurre en política, primero fue criticada… y después, copiada.

La isla no puede seguir funcionando con esquemas del pasado. De 5.000 coches en los años 60 a más de 100.000 diarios hoy. No es culpa de nadie. Es la evolución. Pero sí es responsabilidad de todos no haber actuado antes. Ahora, cuando se ponen soluciones sobre la mesa —movilidad pública, acuerdos entre administraciones, universidad— saltan las críticas. Porque la política actual vive más de la táctica que de la estrategia. De proteger el sillón antes que de resolver el problema.

Sentar a todos, planificar y anunciar 66 millones de inversión y tres años de obras no es populismo: es gobernar. Lo mismo que empieza a moverse en otros territorios. Pero reconocerlo cuesta.

En Las Palmas de Gran Canaria, Carolina Darias presenta un gran presupuesto. Nunca es tarde si llega la decisión. Pero gobernar es también afrontar conflictos: residuos, tribunales, barrios que se apagan. La ciudad crece, pero también muestra desgaste. Decidir incomoda, pero no decidir condena.

En la política nacional, el espectáculo sigue. Sale Tellado —con razón— y le dice a Sánchez: “bienvenido a la fachoesfera”, por aplicar ideas del PP para paliar los efectos de la guerra. Pero cuando esas medidas llegan, con letra pequeña incluida, el propio PP se abstiene. Y mientras tanto, los ciudadanos en medio. Y conviene recordarlo alto y claro: no somos un clínex. No somos de usar y tirar.

A la vez, asistimos a una fauna mediática cada vez más preocupante: tertulianos con taza de café, portátil al lado y carillas preparadas. Hoy expertos en el estrecho de Ormuz y la geopolítica, mañana en el corazón, pasado en política social, luego en la Champions o en vivienda. Da igual el tema. Lo importante es opinar, posicionarse y facturar. Rigor, el justo.

Y en medio del ruido internacional, Irán y su régimen vuelven a situarse en el foco. Incluso desde servicios de inteligencia occidentales se apunta a que su nuevo líder podría ser homosexual. Pero más allá de esa condición personal, que pertenece al ámbito individual, la realidad es mucho más grave: un sistema donde la policía de la moral encarcela, reprime y llega a matar a mujeres y a personas homosexuales. Ese es el verdadero problema. La ausencia de libertades básicas en pleno siglo XXI.

Aquí, en Canarias, la naturaleza también ha hablado. La borrasca Therese dejó nueve días intensos, pero también algo que hacía años no veíamos: las islas verdes, con agua, con vida. Y hay que decirlo: muy bien a los técnicos, a los que previenen, a los que actúan, a los que planifican y garantizan la seguridad. Y también a los responsables políticos de todos los colores que estuvieron a la altura. Porque solo se habla de ellos cuando fallan. Solo se buscan voces cuando hay errores. Y eso también hay que cambiarlo. No solo vende lo malo. También hay que saber decir: gracias.

Mañana lunes, Canarias y el Estado escenificarán acuerdos sobre la guerra de Irán y sus efectos. Pero conviene no olvidar algo: para muchos en Madrid, Canarias sigue siendo exótica. “Qué bien vives”, “la playa”, “el surf”, “el muchacho convertido en ‘muyayo’”. Estereotipos. Como si al de Pamplona solo lo viéramos de rojo en San Fermín, al andaluz solo de flamenco y vago, al catalán con el “la pela es la pela”, al madrileño de chotis y barquillo, al extremeño solo medianero o al gallego sin saber si sube o baja la escalera. Sirven para el chiste. No para la política.

Aquí también tenemos los nuestros. El “godo” y el “peninsular”. Y no son lo mismo. El godo es el que viene a dar lecciones y a reconquistar. El peninsular es el que se adapta, suma y se convierte en uno más. Como los canarios que emigraron y emigran.

Canarias está en un momento clave. O se gobierna con ambición, o se sigue parcheando. O se reconoce al que propone, o se le desgasta para luego copiarle.

Porque al final, la vida —y la política— va de eso: de decidir.

Feliz Semana Santa.
Vivan como quieran. Con procesiones o con playa. Pero vivan.
Y, por favor, cuidado en la carretera.

¡La vida es una y hay que vivirla!