El editorial del domingo en La Gaceta de Canarias: ‘Educación, poder y “godo’s coming”: gestionar frente al ruido y al desprecio‘

Hay nombramientos que nacen bajo el foco de la crítica fácil y terminan consolidándose a base de gestión. Poli Suárez es uno de ellos. Cuestionado por no llevar el sello universitario que algunos exigen como dogma, hoy responde con hechos. Y eso, en política, vale más que cualquier etiqueta.

Porque Educación —como Sanidad— es trinchera permanente. Nunca habrá aplauso unánime. Siempre habrá ruido. Pero lo que sí se puede medir es si hay rumbo. Y lo hay. En los últimos meses, la Consejería ha activado una hoja de ruta reconocible: impulso a la FP con más plazas y nuevos ciclos, refuerzo docente y, sobre todo, visibilidad a quienes llevaban años fuera del foco. Gobernar también es eso: poner luz donde antes había sombra.

Los mismos que criticaron su nombramiento hoy guardan silencio. No por convicción, sino porque la realidad les ha desmontado el discurso.

Y en medio de ese ruido constante, conviene mirar atrás para entender el presente. En 1930, José Ortega y Gasset advirtió en La rebelión de las masas de algo que hoy resuena con una claridad inquietante: la pérdida de calidad en la política, la cultura y la sociedad cuando la exigencia desaparece; el auge de decisiones guiadas por la emoción colectiva y no por el criterio; y el riesgo de que la democracia derive en una suerte de dictadura de la mayoría sin nivel.

Europa vivía entonces entre masas movilizadas, populismos emergentes y una crisis evidente de las élites. Ortega lo vio venir antes de que estallara. Y casi un siglo después, esa advertencia parece actualizarse como si alguien pulsara el F5 de la historia: lo que parecía pasado vuelve a escena con nuevos formatos, nuevas plataformas y el mismo fondo.

Porque hoy, más que nunca, la política se desliza hacia el ruido, hacia la consigna fácil, hacia la supervivencia inmediata. España no es ajena. Un Gobierno centrado en resistir más que en liderar. Una oposición sin proyecto sólido. Y, entre ambos, una ciudadanía cada vez más desconectada de una clase política que, en demasiadas ocasiones, actúa más pendiente del titular que del rumbo.

Y mientras las democracias se debaten en su propio desgaste, el tablero internacional ofrece escenas que lo resumen todo. En Islamabad, enemigos que se detestan se sientan a negociar porque no tienen alternativa. No es una foto de entendimiento, es una imagen de necesidad. Nadie quiere ceder, pero todos saben que romperlo todo sería peor. Ese equilibrio incómodo —negociar con quien rechazas— define el momento global: si no hay acuerdo, pierden todos.

Pero bajemos al terreno propio, Canarias

Aquí es donde la política, tradicionalmente, ha tenido un “modo canario”: formas, silencios, códigos no escritos. Un equilibrio delicado donde el enfrentamiento no suele romper puentes. Hoy, ese modo entra en stand by. Y no solo por la tensión entre siglas, sino porque también aquí se cuela esa lógica de masas que denunciaba Ortega: más gesto que gestión, más ruido que profundidad.

El último episodio lo retrata con nitidez: el ministro Ángel Víctor Torres entra al choque directo contra el vicepresidente y líder del PP autonómico, Manuel Domínguez. Y este no responde. Calla. Ignora. Mientras, el partido —vía nota de prensa— devuelve la andanada con dureza. Política en dos tiempos. Estrategia medida. Pero también síntoma de que algo está cambiando.

Porque ese “modo canario” se ve tensionado por intereses mayores. Los grandes partidos juegan en varios tableros a la vez. Y Canarias no siempre decide sola.

El pacto entre Fernando Clavijo y Domínguez, con una sintonía que incomoda a muchos, rompe relatos prefabricados. Durante meses se intentó vender al líder popular como un invitado secundario en el Gobierno. Hoy, esa tesis empieza a hacer agua.

Y surgen las preguntas incómodas:
¿Quiere el PSOE volver a pactar con Coalición Canaria?
¿Quiere Coalición Canaria abrir esa puerta en el futuro?
¿Está dispuesto Clavijo a ir a contracorriente si Madrid presiona?
¿Permitirá el PP nacional que Domínguez tenga margen real o ejercerá de “godo” político marcando límites desde fuera?

Mientras tanto, la llamada Agenda Canaria, la presión migratoria y el reparto de menores no acompañados siguen sobre la mesa. Y ahí sí que no hay espacio para teatrillos. Dios santo… el baile está servido.

En paralelo, regresa el déjà vu de siempre. Llegan los “godos” de turno, reunión, foto, promesas… y poco más. La visita de AENA es el ejemplo perfecto: palabras y lo mínimo de lo mínimo. Porque, en el fondo, así nos ven: tierra de sol, sal y lava… y poco más. Como si aquí dijéramos “muyayos”… cuando decimos muchachos. Como si habláramos en “nosotros”… cuando hablamos en ustedes.

No nos conocen. Y eso se nota cuando gestionan

Por eso no es menor que Clavijo haya pedido el cese del presidente de AENA. Los aeropuertos no son un lujo: son la columna vertebral de nuestra economía. Aquí no se puede venir a cumplir expediente.

Canarias no es una postal. Es una región estratégica. Y empieza a estar cansada de que la traten como colonia amable.

Esto no acaba aquí.

GODO’S COMING… segunda parte.