El editorial del domingo en La Gaceta de Canarias: La lección del CB Canarias

Hay victorias deportivas que pertenecen a una clasificación, a una estadística o a una temporada concreta. Y hay otras que trascienden el marcador para convertirse en una lección colectiva. Lo logrado por La Laguna Tenerife al eliminar al Real Madrid en los cuartos de final de la Liga Endesa pertenece a esta segunda categoría. Y con creces.

No se trata únicamente de haber derrotado al vigente campeón de la competición y subcampeón de Europa. No se trata solo de haber vencido dos veces en una de las canchas más difíciles del continente. Se trata, sobre todo, de la manera en que se ha conseguido. El conjunto lagunero nos ha emocionado a todos por el logro obtenido y también por el camino elegido para protagonizar una hazaña que forma ya parte de la mejor historia del baloncesto canario: fuera de casa, desafiando a los pronósticos, en una lección de personalidad realmente conmovedora.

El Club Baloncesto Canarias lleva más de una década demostrando que en el deporte profesional no todo depende del presupuesto, de la dimensión mediática o del peso histórico. Frente a gigantes con recursos muy superiores, la entidad aurinegra ha construido un proyecto basado en la estabilidad, la inteligencia, la buena gestión y una cultura de trabajo que se ha convertido en su principal seña de identidad.

En tiempos en los que abundan los atajos, las prisas y la obsesión por los resultados inmediatos, el Canarias representa justamente lo contrario. La perseverancia frente a la improvisación. La visión a largo plazo frente a la urgencia permanente. La humildad frente a la arrogancia. Y la ambición frente a la resignación. Los resultados están a la vista.

Quizá por todo ello esta victoria encierra una enseñanza que va más allá del baloncesto. Porque el deporte profesional, además de un entretenimiento que despierta pasiones en los aficionados, es también un espejo en el que una sociedad puede mirarse. Y en el espejo que nos ofrece hoy el conjunto lagunero aparecen reflejados valores que Canarias necesita reivindicar.

Y vamos a recordar algunos. Por ejemplo, no hay éxito sostenible sin esfuerzo. No hay excelencia sin disciplina. Y no hay talento que alcance todo su potencial sin trabajo. Porque durante muchos años hemos escuchado que Canarias está llena de talento. Es cierto. Lo está. Pero el verdadero salto cualitativo se produce cuando ese talento encuentra organización, constancia y objetivos claros.

La trayectoria de jugadores como Marcelinho Huertas, capaz de seguir asombrando al baloncesto europeo a una edad en la que otros ya disfrutan de la retirada, es un ejemplo elocuente. Lo mismo ocurre con otros veteranos que siguen demostrando que la experiencia, la dedicación y el compromiso siguen siendo activos de enorme valor en una sociedad que a menudo confunde juventud con capacidad y edad con agotamiento.

Incluso los recién llegados, como esa otra leyenda llamada Patty Mills, nos están regalando lecciones que debemos atender. Este curso está siendo especialmente positivo para el deporte tinerfeño. Los éxitos colectivos e individuales se suceden y proyectan una imagen de confianza y autoestima, sobre todo en los dos deportes colectivos con mayor seguimiento: el fútbol —ese CD Tenerife que recupera su sitio— y el baloncesto.

Pero quizás la mayor aportación del CB Canarias no sea una clasificación para semifinales ni un nuevo triunfo histórico. Quizás sea recordarnos que los límites son muchas veces más mentales que reales. Porque no hay que creerse más que nadie. Pero tampoco menos.

Y esa es, probablemente, la mejor lección que hoy deja el baloncesto tinerfeño. Una lección que merece ser celebrada dentro de la cancha, pero también escuchada fuera de ella.

A ver si tomamos nota de esta lección.