El editorial del domingo en La Gaceta de Canarias: ‘Movilidad, coraje político y unidad: cuando gobernar exige mojarse’

La movilidad se ha convertido en uno de los grandes problemas globales del siglo XXI. No es una excepción en Canarias. Al contrario: aquí se agrava por nuestra condición insular, por el crecimiento sostenido de la población —la fija y la flotante— y por un modelo económico donde el turismo, primer motor de Canarias y de España, multiplica la presión diaria sobre carreteras e infraestructuras.

Todos aspiramos a lo mismo: la independencia que da el coche, la libertad de movimiento que simboliza para la juventud su primer paso hacia la autonomía y que, con los años, se convierte en una herramienta imprescindible para trabajar, producir y sostener la vida cotidiana. Negar esa realidad es no entender cómo vive la gente.

En ese contexto, el Cabildo de Gran Canaria ha presentado un acuerdo amplio para mejorar la movilidad, con múltiples agentes implicados, conscientes de que el problema crece por días y exige soluciones compartidas. Lo llamativo es que ese mismo camino lleva recorriéndolo tiempo el Cabildo de Tenerife, con su presidenta, Rosa Dávila, al frente.

Dávila llegó con una idea clara: afrontar de frente el colapso del tráfico, las colas interminables, los accidentes y unas carreteras que ya no dan abasto porque el parque móvil ha crecido. ¿Por qué? Porque la población ha crecido. Y porque gobernar es aceptar la realidad, no esconderla.

Rosa Dávila es una mujer con carácter, formación y muchas batallas políticas a la espalda. De trato directo, sin florituras, con errores —como todos—, pero con una diferencia clave: prefiere equivocarse haciendo que acertar no haciendo nada. Frente a la política indolente del “que pase el tiempo”, del “no me mojo”, del “sigo gobernando sin molestar”, Dávila ha optado por actuar. Y eso, en política, tiene un coste.

Resulta llamativo que en Gran Canaria iniciativas similares se reciban con buen augurio, mientras que en Tenerife se contesten con mofa, sorna y queja permanente. ¿Es justo? La respuesta objetiva es no. Pero también es parte de nuestra manera de ser: criticar antes de construir.

A este clima se suma otro elemento preocupante: la falta de compromiso de algunas fuerzas políticas con el Decreto Canarias impulsado por Fernando Clavijo. Uno que busca blindar derechos y compromisos del Estado con el Archipiélago. ¿Dónde reside el “no”? En el cálculo político, en la mirada corta, en anteponer la sigla al interés general. Y eso, cuando se negocia con Madrid, debilita a Canarias.

Y sin embargo, la política no descansa. La guerra partidista por la alta velocidad, el enfrentamiento permanente y, ahora, la regularización de 500.000 migrantes. Una medida necesaria, positiva para la sociedad y para el empleo, que suma para todos. Pero que llega manchada por el calendario electoral. El presidente pudo hacerlo antes y no lo hizo. Y hoy, para muchos españoles, se percibe más como una operación de supervivencia en la Moncloa que como una decisión de Estado. Eso empaña incluso los buenos datos de empleo. Una pena.

Mientras Canarias pide unidad con el Decreto Canarias de Fernando Clavijo, algunos siguen instalados en el “no” sin alternativa, debilitando la posición del Archipiélago.

La clase política debería recordar el viejo dicho: cuando las barbas del vecino veas quemar, pon las tuyas a remojar. Gobernar exige mojarse. Aunque queme.

Mientras tanto, el mar vuelve a dejar su factura más cruel. Avisos reiterados, banderas rojas, llamadas a la prudencia… y, aun así, imprudencias ciudadanas que acaban en tragedia. Esta semana lo hemos vuelto a ver. Como también hemos visto el respeto y el silencio debido en el funeral de Adamuz, un recordatorio de que hay momentos en los que la política debe bajar el tono y elevar la dignidad.

La muerte repentina de Ricardo Melchior, a los 78 años, sorprendió a todos este fin de semana. Duro en la gestión, afable en el trato y estadista de los que ya no quedan, se va uno de esos políticos de los últimos 35 años que, con aciertos y errores, ayudaron a construir la Canarias de hoy.

Defensor convencido del tranvía, del Canal Link, del Instituto Tecnológico, del apoyo incondicional al deporte de base y al profesional, y firme en la defensa del CD Tenerife, Melchior tuvo siempre claro el rumbo.

Desde este periódico, nuestro más sentido pésame para Sabela, sus hijos y toda su familia. Queda el legado de un hombre que, del deporte a la ingeniería, supo hacer y decir.

Hasta siempre, Richi.