El Instituto Geográfico Nacional (IGN) ha informado de la detección de dos nuevos enjambres sísmicos en el entorno del Teide, en Tenerife, registrados entre el 21 y el 23 de febrero. En conjunto, los episodios han superado los 1.400 eventos, todos ellos de muy baja magnitud y no perceptibles por la población.
El primero de los enjambres se produjo el día 21 de febrero entre las 20:00 y las 21:00 horas, con una energía menor respecto a episodios anteriores. A partir de las 13:30 del día 22, los eventos aumentaron ligeramente de magnitud, aunque manteniéndose en niveles muy bajos. El número total de sismos superó los 800 y la actividad finalizó el 22 de febrero a las 15:00 horas.
Según los cálculos de localización realizados por el IGN, los eventos se produjeron en la misma zona que los enjambres anteriores, a una profundidad aproximada de 6,5 kilómetros.
Posteriormente, a las 00:15 horas del 23 de febrero, comenzó un nuevo enjambre que continúa activo en el momento de redactar esta información. Hasta ahora se han contabilizado más de 600 eventos, también de muy baja magnitud. En este episodio se registraron además dos señales de baja frecuencia a las 11:17 y a las 11:22 horas.
Este segundo enjambre se localiza a unos 8 kilómetros de profundidad, en la zona oeste de Las Cañadas del Teide.
Sin cambios en el nivel de peligro volcánico
El IGN subraya que este tipo de episodios, caracterizados por enjambres de eventos sísmicos híbridos, no incrementa el peligro de erupción a corto plazo en la isla. Asimismo, recalca que ninguna de las señales registradas en las últimas semanas ha sido sentida por la población.
Recuerda, además, el organismo responsable de la vigilancia volcánica en España, que "el IGN mantiene desplegada en Tenerife una red compuesta por más de 100 estaciones, equipos y puntos de muestreo fijos". Esta infraestructura permite monitorizar en tiempo real parámetros como la sismicidad, las deformaciones del terreno y la geoquímica, con el objetivo de detectar cualquier anomalía que pudiera indicar una evolución del riesgo eruptivo a corto, medio o largo plazo.