Los dos decretos de vivienda que el Gobierno había presentado como la gran respuesta urgente a la crisis se fueron al suelo el viernes en el Congreso. Y con ellos se abrió también otra incógnita: ¿qué hará Pedro Sánchez? Se despejó la incógnita, habrá elecciones el 29 de noviembre y la vivienda se convertirá en el eje de esta campaña electoral.La única discusión no resuelta es si en la Diputación del Congreso de los Diputados tramitará lo de los decretos leyes sobre las viviendas en su seno. Esta disolución trae algunas cosas por resolver. ¿Qué pasará en las listas de CC en esta provincia. .¿quien acompañará a Cristina Válido en su tránsito por la Cámara Baja? ¿Qué pasará en gran canaria, será CC o Primero Canarias quien encabece esas listas? En el PSOE habrá que ver quién lidera esas listas, en el PP habrá que ver si Juan Antonio Rojas sigue de cabeza de lista. Es decir que todos tienen algo que discutir en el seno de su formación política. Sin embargo, hay algo que no necesita ninguna convocatoria electoral: el problema de la vivienda sigue ahí.
Ayer, en diversas capitales de provincia, incluidas las de Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas, decenas de miles de personas se manifestaron por la vivienda en medio de la incertidumbre electoral. Esos reclamantes exigían una huelga general y decían eso de que esto no iba de ideología, sino de decencia. Porque en las últimas horas hemos oído a algunos profesionales de esto de la política prometer un millón de pisos y 600.000 empleos en su primer mes como presidente.
No obstante, el viernes votaron en contra de unos decretos que pretendían proteger a los inquilinos, prolongar determinadas medidas frente a los desahucios, regular los alquileres de temporada y por habitaciones y garantizar la continuidad de algunos contratos. Y ahora comienza, otra vez, el reparto de culpas. Unos señalarán a los partidos que votaron en contra, otros al Gobierno por no haber conseguido los apoyos.
Este tema preocupa a prácticamente todo el mundo. Las encuestas lo colocan entre las grandes inquietudes de los españoles y hasta entre los votantes de la derecha existe un respaldo considerable a las movilizaciones por la vivienda. Hay datos que hablan incluso de un 73 % de ciudadanos favorables a una huelga general por este asunto, con porcentajes elevados también entre votantes del PP y Vox. Algo debería decirnos que la vivienda haya conseguido atravesar incluso las fronteras ideológicas.
Pero entre decretos, votaciones, negociaciones, acampadas y elecciones corremos el riesgo de olvidar lo más sencillo: faltan viviendas. Faltan para comprar y para alquilar. Hay personas que trabajan y no pueden acceder a una casa, jóvenes que no consiguen ahorrar para la entrada de una vivienda y familias que destinan una parte cada vez mayor de sus ingresos a pagar un alquiler. Y mientras discutimos quién tiene la culpa, la vivienda no aparece por generación espontánea.
También hemos construido un relato cómodo: el del buen inquilino frente al mal propietario. Como si todos los arrendadores fueran especuladores y todos los inquilinos fueran víctimas. Y no. Un contrato de alquiler es un acuerdo entre dos partes. El inquilino tiene derechos, naturalmente, pero también obligaciones: pagar, cuidar la vivienda y cumplir lo pactado. Y el propietario tiene derechos que tampoco deberían convertirse en una cuestión políticamente incorrecta. Si conseguimos que quien tiene una vivienda quiera ponerla en alquiler, aumentaremos la oferta. Si conseguimos lo contrario, tendremos menos casas disponibles y más problemas.
Porque la vivienda no se abarata por decreto. Se necesitan suelo, licencias más rápidas, menos burocracia, seguridad jurídica y capacidad para construir mucho más. Y también salarios que permitan pagar una vivienda. Porque podemos discutir eternamente sobre cuánto cuesta un piso, pero hay otra pregunta que resulta igual de importante: ¿cuánto puede pagar una familia?
Los avales públicos, las ayudas para comprar una primera vivienda o cualquier otra medida pueden ser útiles para determinados hogares. Pero si una persona no puede ahorrar, si el precio de la vivienda crece más deprisa que sus ingresos y si cuando no puede comprar tampoco encuentra un alquiler asequible, estaremos poniendo parches sobre un problema estructural.
Y ese problema no se resuelve con una votación parlamentaria. Tampoco con una pancarta, una acampada o una rueda de prensa. Se resuelve construyendo viviendas, poniendo suelo a disposición, facilitando que se construya, aumentando la oferta y garantizando simultáneamente los derechos de quienes alquilan y de quienes ponen una vivienda en el mercado.
La Constitución dice que todos tenemos derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Muy bien. Ahora solo falta lo más difícil: conseguir que ese derecho no sea una frase estupenda escrita en un artículo de la Constitución, sino una realidad para quienes llevan años buscando una casa y no la encuentran. Porque de vivienda llevamos mucho tiempo hablando. Lo que se necesita ya es empezar a hacerlas.
Decía ayer La Gaceta de Canarias que “la distribución competencial debe servir para organizar el trabajo y coordinar los esfuerzos, porque utilizarla como un sistema de excusas recíprocas solamente agrava la frustración. Y no olvidemos que la frustración y la rabia son la mayor amenaza que puede vivir el sistema democrático en estos tiempos tan atribulados”.
Tampoco olvidemos que esos dos elementos, la frustración y la rabia, son la mayor amenaza que puede vivir el sistema democrático en estos tiempos tan atribulados. Porque cuando el ciudadano escucha demasiadas veces que un problema no es competencia de quien tiene delante, empieza a preguntarse de quién es entonces la responsabilidad. Y ahí es donde aparece el peligro: que la gente deje de esperar soluciones y empiece a desconfiar de todo el sistema. Y cuando la política se convierte en un ejercicio permanente de pasarse la pelota, esta acaba cayendo siempre en el mismo sitio: en la calle, sobre quienes esperan que alguien se haga cargo.
Dice Iván Bonales que el no se creía que Pedro Sánchez nos convocara elecciones el 29 de noviembre, pero así ha sido y que si tenia claro es que ese día será el cumpleaños de su padre, Juan Bonales, y que él tiene claro a quién felicitar. Y nosotros también. Lo que pasa es que no nos olvidamos de que aquí, en Canarias, hacen falta construir más de 15.000 viviendas cada año y que se han construido menos de 300. ¿Quién gana con la deficiencia? Ahí lo dejo.
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