El monólogo de Pepe Moreno: ‘Mientras tanto’

Pepe Moreno en 'Políticamente incorrecto' de Atlántico TV.

El doble terremoto de Venezuela y sus réplicas me va a hacer escribir este monólogo de hoy por encima de otros asuntos, como el fútbol de España en el Mundial que vence, pero no convence. Le ganaron a Uruguay de aquella manera, con un gol que anotó Baena porque al portero se le escapó de las manos un balón que no entraba y que era pasto de los cancerberos. Fue un gol que nadie vio venir, de los que se quedaron en la madrugada del viernes para el sábado y que puso la nota a un encuentro en el que pudimos ver que la temporada y el mundial se acababan para dos hombres que son fundamentales para Luis García, el seleccionador nacional. Las lesiones de Yeremi Pino y de Nico Williams los retiran de la pugna por la Copa del Mundo y hacen que el seleccionador tenga que reinventar unas bandas que eran buena parte del desborde de este equipo.

Lo preocupante no es que España haya ganado sin brillo; eso ocurre en todos los Mundiales. Lo preocupante es que la selección empieza a transmitir la sensación de que vive demasiado de la inspiración de Lamine Yamal y de que, cuando los partidos se embarran, le cuesta muchísimo generar fútbol. Es verdad que España acaba la fase de grupos invicta y sin encajar un solo gol, un dato magnífico, pero también lo es que en un Mundial las estadísticas sirven de poco cuando empiezan las eliminatorias. A partir de ahora ya no bastará con ganar de cualquier manera. Si España quiere ser campeona, tendrá que volver a parecerse a la selección que deslumbró hace unos meses y no a esta versión tan pragmática como previsible que, de momento, sigue viva más por oficio que por fútbol.

Luego está el papel de Pedro Sánchez en el Comité Federal del PSOE celebrado este sábado en Ferraz. Era una cita diseñada para cerrar filas en torno al secretario general después de una de las semanas más complicadas de la legislatura. Apenas unos días antes, el Congreso había aprobado una iniciativa instándole a someterse a una cuestión de confianza o a convocar elecciones anticipadas. Sin embargo, Sánchez descartó de plano cualquiera de esas posibilidades. «Abandonad toda esperanza», respondió a quienes especulan con un adelanto electoral, y dejó claro que su intención es agotar la legislatura y presentarse de nuevo a las elecciones generales previstas para 2027.

El presidente insistió en el mismo mensaje que ya había trasladado en el Congreso: reconoció el daño causado por los casos de corrupción que rodean al PSOE, prometió depurar responsabilidades y lanzó un mensaje de resistencia a los suyos. «Vamos a limpiar lo que haya que limpiar y seguiremos gobernando», afirmó ante un partido que, salvo contadas excepciones como la del presidente castellano-manchego, Emiliano García-Page, cerró filas en torno a su liderazgo y dio por iniciada la carrera hacia las elecciones de 2027.

Sin embargo, el problema de un discurso no está únicamente en las palabras, sino en el momento en el que se pronuncian. Resulta difícil hablar de regeneración cuando el partido atraviesa una sucesión casi ininterrumpida de investigaciones judiciales, registros, imputaciones y escándalos que han erosionado la credibilidad del Gobierno. La apelación a «limpiar» puede sonar convincente para la militancia reunida en Ferraz, pero fuera de esas paredes muchos ciudadanos ya no esperan grandes declaraciones, sino explicaciones, responsabilidades y hechos. La confianza pública no se reconstruye con consignas, sino con decisiones.

La moción aprobada la semana pasada en el Congreso de los Diputados para que Sánchez presente una moción de confianza o que dimita no tiene ningún valor vinculante. No obliga legalmente a Sánchez a hacer nada. Es como entonar cantos regionales en el Congreso. Da para unos cuantos titulares y no mucho más.

Quizá por eso las redes sociales reaccionaron de inmediato. La frase «vamos a limpiar lo que haya que limpiar» se comparó con otras expresiones utilizadas por dirigentes políticos en situaciones similares y se convirtió en uno de los asuntos más comentados del día. No tanto por su contenido, sino porque una parte de la opinión pública percibe que la política española ha entrado en un bucle donde todos prometen regeneración cuando estalla un escándalo y casi ninguno consigue evitar que, unos meses después, aparezca el siguiente. Ese es el verdadero desafío de Sánchez: convencer de que esta vez será diferente. Y eso ya no se logra con un discurso.

Y el sábado se cumplían dos años que ya no está con nosotros Santi Negrín, y lo echamos de menos, ¿qué quieren que les diga? Era como el pegamento que nos unía a todos y hoy miramos al cielo y le tiramos un beso, porque estamos seguros de que estará allí. Seguro, porque era tan bueno que se pasaba. Santi, te queremos.

No obstante, yo quería hablar de Venezuela. De los más de 70.000 desaparecidos, de los más de 1.500 fallecidos confirmados oficialmente y de unas estimaciones que elevan esa cifra a varios miles de víctimas. Quería hablar de quienes siguen buscando a sus familiares mientras el Gobierno mantiene restringido el acceso a La Guaira, precisamente cuando los especialistas insisten en que las primeras horas son decisivas para encontrar supervivientes. Ni siquiera ese bloqueo ha frenado a decenas de voluntarios que, armados con picos y palas, continúan removiendo escombros por su cuenta. Gracias a ese esfuerzo conjunto, efectivos de la UME española y bomberos de la Comunidad de Madrid lograron rescatar con vida a varias personas que llevaban tres días sepultadas.

La respuesta internacional ha sido ejemplar, con equipos de rescate llegados de numerosos países y nuevas ayudas en camino. Ojalá esa solidaridad no tenga fecha de caducidad y no desaparezca cuando se apaguen las cámaras. Decía ayer el editorial de La Gaceta de Canarias, bajo el título Carpe Diem, que conviene vivir el presente porque el mañana todavía no existe y el ayer ya pasó. Puede que esté en lo cierto. Por el contrario, también convendría aprender algo de tragedias como esta: que la solidaridad no consiste solo en emocionarse durante unos días, sino en permanecer cuando dejan de existir los titulares.

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