El Monólogo de Pepe Moreno: 'Ruido y propaganda'

Pepe Moreno en 'Políticamente incorrecto' de Atlántico TV.

Anoche me quedé viendo el resultado de las elecciones aragonesas y parecía un calco de lo que pasó hace unas semanas en Extremadura. No ganó el PP, que había convocado estos comicios para no sentirse presa de VOX. El PP conseguía tener 26 escaños, frente a los 18 del PSOE, y luego venían los de Vox con 14 representantes, doblando de esta manera a los 7 que hasta ahora tenían. Luego estaban los de la Chunta Aragonesista, que también doblaban los que se sentaban en el Parlamento aragonés, pasando de tres a 6. Teruel, o Aragón existe, ese partido que puso de moda lo de la España vaciada, ha perdido un representante, bajando de tres a dos representantes, y los de IU Sumar, han logrado entrar en esa Cámara territorial con un representante. Esa es la foto de una noche de comicios.

Ninguno lo ha logrado. Treinta y cuatro eran los escaños de la mayoría. Unos, los que convocaron esto, no han logrado quitarse de encima a un partido que ni cree en la comunidad autónoma. Y me estoy refiriendo al PP, que llamaron a todos los aragoneses a las urnas, y a los de VOX. Por lo tanto, su discurso será más duro, exigirán más y sus representantes serán más muñecos de un líder nacional que cada día tiene más creído que le doblará el brazo al PP en cualquier política que haga. ¿No se dan cuenta de que está creciendo un partido como VOX que ni siquiera admite preguntas de la prensa?

Y digo yo, y lo digo por decir algo que sea distinto y no sea una cuestión de seguidismo ni de repetición con los argumentarios de los grandes partidos, ¿por qué el PP no intenta pactar con el PSOE, cuya suma daría mayoría, y elimina ese temor de que la derecha gobierne con la ultraderecha y algunos de los derechos puedan quedar diluidos? Yo sé que no se daría esa conjunción y que la derecha con la izquierda es incompatible, pero lo dejo ahí por si cuadra la ecuación, con alguien socialista que fastidie esa negociación con VOX que conseguiría algunas cosas que en este momento pueden ser malas para el futuro.

Un ejemplo de esto es lo que se dijo la semana pasada sobre las listas de espera sanitarias en Canarias. En la rueda de prensa ofrecida el pasado miércoles para informar de los datos de cierre de 2025, presumieron que la espera para someterse a una intervención quirúrgica se ha reducido en 46 días (de 153 a 106) en esta legislatura, lo que sitúa a las Islas por debajo de la media nacional.

Pero claro, todo tiene un pero; algunas organizaciones, tanto políticas como sindicales, o civiles, como la Asociación para la Defensa de la Sanidad Pública, cuestionan esa mejora y acusan al Ejecutivo regional de maquillar las cifras al no contabilizar en esas listas a los pacientes que se encuentran en lo que en el argot asistencial se denomina “nube”. Es decir, a aquellas personas que necesitan ser intervenidas pero que no han sido agendadas, no forman parte de la lista de espera estructural.

O lo que sucede con los pacientes del Hospital Universitario de Canarias (HUC), una instalación sanitaria que es la referencia para la población del norte de Tenerife y la isla de La Palma, porque acoge a todos los que están censados en esas zonas. En el Hospital Universitario de Canarias, para hacer una endoscopia, que es una prueba clave para diagnosticar inflamaciones, úlceras, pólipos, tumores, varices o infecciones en el tracto gastrointestinal (esófago, estómago y duodeno), la demora media es de 540 días (un año y medio). En los otros tres hospitales de referencia del archipiélago, esa misma prueba se hace con 200 días, la mitad que en el HUC y estoy hablando de centros que están en la misma isla, como el de La Candelaria, o en el Insular (sur de Gran Canaria); aún menos, 77. En el Doctor Negrín, en Gran Canaria, apenas tardan 35 días. Es decir, la ciudadanía del norte de Gran Canaria espera quince veces menos que la del norte de Tenerife por esa prueba diagnóstica.

El HUC está peor incluso que hospitales de las islas no capitalinas que también tienen unas demoras altas, como el de La Palma (336) o Fuerteventura (270).

Nuestro hospital, antes llamado Clínico, es el que más tarda en operar a sus pacientes (una media de 148 días frente a los 105 de La Candelaria, los 98 del Insular y los 78 del Negrín). En el HUC hay un tapón diagnóstico, un bloqueo que impide que lleguen más pacientes a operarse.

¿Y hacen algo nuestras autoridades por solucionarlo? Parece que poco, porque lo que hemos presentado está sacado de la rueda de prensa que ellos mismos han ofrecido. Lo que pasa es que viven mucho de las fotos, de los anuncios, de lo que harán, pero raras veces hacen.

Fíjense en otro asunto, el de las viviendas, con una escasez más que evidente, con mucha gente clamando porque no encuentra. Pues bien, de las 2.086 que han sacado a licitación entre los años 2023-2026, casi 900 casas se han quedado en el aire. Unos pliegos de contratación que no atraen a las empresas que tienen que reformar o construir esas casas y se les presentan unas condiciones que están por debajo del precio de mercado.

Les doy más datos. De las 2.086 viviendas licitadas, 1.036 eran de nueva construcción. De estas, las desiertas ascienden a 277 (el 36,5 %), mientras que para la rehabilitación se han convocado 1.050, quedando desiertas 600 (el 57 % del total). Solo se han adjudicado 450, según los datos recogidos en los distintos boletines oficiales. ¿Se dan cuenta de que hay mucha propaganda cuando hablan los consejeros y que lo que ellos dicen, para quedar bien, es diferente a la realidad?

Decía el editorial de este domingo de La Gaceta de Canarias punto com, refiriéndose al gasto de esta comunidad y su baja ejecución, que tenía que bajar los impuestos porque, y cito literalmente, “la peor herencia que puede dejar un tiempo de prosperidad es un modelo de gasto que solo funciona mientras la economía sonríe. La responsabilidad política consiste, precisamente, en prepararse para el día en el que deje de hacerlo”.

Quizá por eso, más allá de encuestas, ruedas de prensa o editoriales brillantes, lo que debería preocuparnos de verdad es esa distancia creciente entre el discurso político y la vida real de la gente: elecciones que no aclaran mayorías, datos sanitarios discutidos, viviendas que no se construyen y promesas que se repiten. Porque cuando la política se instala en el relato y no en las soluciones, el ciudadano acaba desconectando, y ahí es donde empiezan los problemas serios para cualquier democracia que aspire a algo más que sobrevivir a base de titulares.

Lo único que es seguro es el CD Tenerife, que, empatando fuera, sigue de líder con una distancia de 12 puntos al segundo clasificado, el Celta Promesas. Y solo quedan 15 jornadas para el cierre del calendario. Las alegrías que están dando los de Álvaro Cervera no están en ningún sitio.

Y quizá por eso nos agarramos también a esas pequeñas certezas que sí funcionan, como el fútbol, donde al menos los resultados son claros y no dependen de ruedas de prensa ni de interpretaciones interesadas. Mientras la política sigue instalada en la duda, el Tenerife ofrece una rara sensación de estabilidad y eficacia. Ojalá cundiera el ejemplo: menos discurso, más resultados, porque al final lo que la gente espera —en la gestión pública igual que en el deporte— no son promesas, sino hechos.

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