El Monólogo de Pepe Moreno: 'Tiempos revueltos'

Pepe Moreno en 'Políticamente incorrecto' de Atlántico TV.

Ya lo saben ustedes, los combustibles en Canarias han subido y eso se empieza a notar en el bolsillo de los canarios. Y con fuerza. Ha bastado con una semana de guerra en Irán para que los combustibles se hayan encarecido en las islas.

En un mundo interconectado, los eventos internacionales afectan a todos los países. Tras el bombardeo de Estados Unidos e Israel contra Irán y la respuesta iraní, el estrecho de Ormuz cobra relevancia por su impacto en la economía global, especialmente en el precio del carburante. Este paso marítimo es esencial, ya que transporta una quinta parte del petróleo mundial. En los últimos tiempos ya se ha notado cómo sube el precio de los combustibles en las gasolineras canarias. Para que se hagan una idea, la semana pasada la gasolina de 95 octanos estaba, de precio medio, en 1,183 euros por litro en Canarias, una cifra que no se alcanzaba desde mediados de abril del año pasado. Por eso nos decía ayer La Gaceta de Canarias y David Morales, nuestro técnico, que fuéramos hasta una gasolinera en concreto, que nos fijáramos en sus tontens antes de gastarnos el dinero porque la diferencia puede ser notable.

Como decía ayer La Gaceta de Canarias, en su editorial, “además de las consecuencias geopolíticas, esta guerra abre también perspectivas inquietantes en el plano económico. El cierre del estrecho de Ormuz, una de las principales arterias energéticas del planeta, ya está provocando tensiones en los mercados internacionales del petróleo. Un encarecimiento sostenido del crudo tendría efectos inmediatos sobre la inflación, el transporte y el coste de la energía en Europa. España no sería una excepción. Y tampoco Canarias, si atendemos a cuestiones cruciales como el abastecimiento de mercancías por vía marítima y la llegada de turistas por vía aérea, dos sectores sensibles al precio del carburante y la confianza de los mercados emisores en una economía interdependiente”. Fin de la cita periodística. Y nosotros nos preguntamos: ¿hay alguien que haga algo? Nada de nada. Por ahora.

Las autoridades canarias nos distraen con otros asuntos. Lo que pasa es que, si era difícil llegar a final de mes con unos precios subidos, ahora con un combustible que nunca bajó del euro, a pesar de contar con un precio del barril de crudo que estaba tirado de precio. O que, a pesar de que muchos productos estaban dopados con un IGIC inexistente y bajo, ahora nos encontramos con una subida debido al precio que tienen los combustibles. ¿Quién puede ahorrar o quién dispone de un saldo suficiente para subsistir? Los de siempre, contestamos todos.

Sin embargo, no nos ofusquemos con algo que no tiene remedio. Los precios seguirán esa escalada y los departamentos gubernamentales estudiando qué pueden hacer para rebajar esa lista de cosas que tenemos que comprar para subsistir. Es ilógico que el Gobierno de Canarias, a estas alturas, no tenga un listado de los productos exentos de impuestos o a los que se les puede rebajar algo más, pero tendremos que creernos lo que dicen, que siguen estudiando para saber a quienes les quitan los impuestos.

Ayer fue también el Día Internacional de la Mujer. Hubo manifestaciones y consignas y en algunos sitios he notado que había discursos que podrían ser tachados de una forma u otra, pero en todos había un mensaje de reivindicación. Más allá de los matices ideológicos, de las pancartas o de los eslóganes, lo que se percibía en la calle era una realidad que sigue siendo difícil de discutir: todavía hay muchas mujeres que sienten que deben seguir peleando por derechos que, sobre el papel, ya deberían estar plenamente asumidos. La igualdad legal puede estar escrita en las leyes, pero la igualdad real todavía se abre camino a golpes de debate, de incomodidad y, en muchas ocasiones, de resistencia social.

Quizá por eso conviene escuchar más y etiquetar menos. Porque cuando una reivindicación logra movilizar a miles de personas cada año, es señal de que, más allá del ruido político que siempre lo rodea todo, existe una preocupación que sigue viva en la sociedad. Y también porque reducir una jornada como ésta a una batalla entre bandos ideológicos termina vaciando de sentido algo que, en realidad, debería interpelarnos a todos: cómo avanzar hacia una convivencia más justa sin convertir cada debate social en otra trinchera.

Nos queda también el empate del CD Tenerife en su casa, que no olvidemos que sigue siendo líder de la Primera Federación con diez puntos de ventaja. No es un detalle menor, sobre todo después de la derrota del Celta Fortuna este domingo. Eso significa que el Tenerife seguirá primero al menos las próximas tres semanas, incluso perdiendo algún partido. Ya lo avisó su entrenador, Álvaro Cervera, el sábado en sala de prensa —lo escuchábamos en Radio Marca—: a estas alturas de la temporada, ganar cada partido iba a costar más. Y está pasando. El equipo ha encadenado una serie irregular: empate en Lezama, derrota en el Heliodoro ante el Racing de Ferrol, victoria agónica en el campo del Arenteiro con un penalti en el añadido y empates en casa ante Avilés y Lugo. Son seis puntos de quince posibles y tres partidos seguidos en el Rodríguez López sin ganar. No es una crisis, pero sí un aviso de que el tramo final del campeonato va a exigir algo más si el objetivo es cerrar cuanto antes el ascenso. El siguiente examen, además, no será menor: visitar precisamente al segundo clasificado.

Al final, si uno se fija, todos estos asuntos que parecen tan distintos acaban conectándose en la vida diaria de la gente. Una guerra a miles de kilómetros que encarece el combustible, unas reivindicaciones sociales que recuerdan que todavía quedan derechos por consolidar y un equipo de fútbol que intenta mantener el liderazgo cuando la temporada entra en su fase más exigente. Todo forma parte de la misma realidad: un mundo en el que las cosas cambian rápido y en el que, para bien o para mal, nadie vive aislado de lo que ocurre alrededor.

Quizá por eso conviene mirar las cosas con algo de perspectiva. Habrá debates, subidas de precios, decisiones que tardan demasiado en llegar desde los despachos y partidos que se complican más de lo previsto. No obstante, también habrá quien salga a la calle para defender lo que cree justo, quien siga peleando para llegar a final de mes y quien cada fin de semana se siente frente a la radio o la televisión esperando que su equipo dé una alegría. Entre la geopolítica, la economía, las reivindicaciones sociales y el fútbol discurre, al fin y al cabo, la vida de todos nosotros: una vida hecha de problemas, sí, pero también de esperanza y de ganas de seguir adelante.

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