El Mundial 2030 se topa con los despachos: el Estadio de Gran Canaria obliga al Cabildo a rehacer una licitación que nadie quiso asumir

El sueño mundialista de Gran Canaria ha encontrado su primer muro antes de colocar la primera piedra. La reforma del Estadio de Gran Canaria, llamada a transformar Siete Palmas para recibir el Mundial de 2030, se ha quedado sin empresas interesadas: ni una sola constructora presentó oferta al concurso público de 174,7 millones de euros.

El expediente abre ahora un escenario incómodo para el Cabildo y el Instituto Insular de Deportes: volver a encajar los números, los plazos y las condiciones de una obra que sobre el papel era viable, pero que el mercado ha rechazado. El caso vuelve a poner encima de la mesa un problema habitual en las administraciones: proyectos diseñados desde los despachos con cálculos técnicos que después chocan con la realidad de costes, materiales, personal y ejecución.

Las constructoras han señalado varios obstáculos: el presupuesto ajustado, la complejidad de trabajar en un estadio en uso, los plazos para llegar a 2029 y las exigencias de una infraestructura que debe cumplir los requisitos FIFA. La reforma no es una obra menor: implica elevar el aforo hasta unos 42.000 espectadores, nueva cubierta, modernización tecnológica y una transformación completa del recinto.

El Cabildo insiste en que hay margen para llegar a tiempo y ya analiza la vía del procedimiento negociado para desbloquear el proyecto. Incluso la UD Las Palmas se ha mostrado abierta a jugar temporalmente fuera del estadio si eso permite acelerar los trabajos.

El reloj del Mundial ya corre. Gran Canaria tiene sede, tiene proyecto y tiene ambición; ahora necesita que los números de la administración coincidan con los números de quienes tienen que levantar la obra.