El tren de Gran Canaria ya tiene luz verde ambiental y da un paso firme hacia su materialización tras superar uno de los filtros más exigentes del proceso administrativo. La declaración de impacto ambiental favorable concluye que la infraestructura no generará efectos adversos significativos, siempre que se cumplan las condiciones y medidas correctoras impuestas.
El proyecto, que conectará Las Palmas de Gran Canaria con San Bartolomé de Tirajana, avanza así después de más de tres años de tramitación. Sobre la mesa, un trazado estratégico con 11 estaciones que pretende vertebrar la isla, aliviar la presión sobre la GC-1 y reforzar la conexión directa con el principal motor turístico: Maspalomas.
Con este aval, el tren deja atrás la fase más compleja en términos técnicos y medioambientales y entra en una etapa decisiva. Queda por resolver la financiación, la ejecución y los tiempos reales de una infraestructura llamada a cambiar la movilidad en Gran Canaria… si logra salir del papel.