Este no puede ser un curso político más. Probablemente, sea el último gran curso para planificar y sobre todo ejecutar medidas, y sería difícil de explicar que Canarias desaprovechara estos meses volviendo a discutir los mismos problemas que llevamos año, tras año, diagnosticando.
Tenemos una oportunidad que no deberíamos perder. La economía canaria inicia el curso creciendo. El PIB avanzó un 2,9% interanual en el segundo trimestre de 2026, frente al 2,7% del conjunto de España. El paro registrado en julio se situó en 144.168 personas, el menor dato para ese mes desde 2007, y la afiliación alcanzó las 961.638 personas.
Las reformas importantes no pueden ya dejarse para cuando las cosas van mal. Hay que ejecutarlas cuando la economía permite mirar más allá de la urgencia. Y ese momento es ahora. Cuando llegue el próximo verano deberíamos ser capaces de responder a una pregunta muy sencilla: ¿qué funciona mejor en Canarias que en septiembre de 2026?. Porque crecer es importante. Pero nuestro verdadero reto, es que ese crecimiento se convierta en una economía más productiva, más industrial, más innovadora y, sobre todo, que permita y lleve a cabo, el desarrollo de Canarias.
La energía no puede esperar otro curso. Canarias continúa arrastrando una dependencia energética que condiciona directamente su competitividad. En 2025, el 79,2% de la electricidad generada en las Islas procedió todavía de productos petrolíferos. Las renovables representaron el 20,8%. Casi ocho de cada diez unidades de electricidad.
Esto no es únicamente un problema ambiental. Es un problema económico e industrial. Cada crisis internacional, cada tensión geopolítica y cada subida de los combustibles termina minando la rentabilidad y viabilidad de nuestras empresas. Por tenemos ya que dejar de plantear la política energética industrial exclusivamente como una sucesión de ayudas frente a cada crisis.
Es absolutamente necesario, llevar a cabo una Estrategia por la Energía Productiva Canaria, pero que sea real y, sobre todo,realizable, por ello, debemos comenzar por llevar a cabo acciones directas, por ejemplo, analizar las cien instalaciones de mayor consumo, con el fin de que antes de junio de 2027 cada una de ellas, disponga de un diagnóstico de autoconsumo, almacenamiento, eficiencia y gestión inteligente de la demanda.El objetivo, tiene que ser, reducir al menos un 20% su exposición energética convencional en tres años. La mejor ayuda energética será aquella que consigamos dejar de necesitar.
La productividad no puede seguir siendo una estadística. La industria está ofreciendo señales positivas. En junio de 2026 la producción industrial aumentó un 2% interanual en Canarias, frente al 1,1% nacional. Y la confianza empresarial del sector industrial mejoró un 4,2% en el tercer trimestre.
Pero la siguiente etapa no debería consistir únicamente en subvencionar inversiones. Tenemos que empezar a financiar resultados. Durante años hemos ayudado a adquirir maquinaria, programas informáticos, equipamiento y soluciones de digitalización, puede tener sentido. Pero deberíamos saber qué generó realmente esa inversión. ¿Cuánto aumentó la productividad? ¿Cuántas horas se ahorraron? ¿Cuánta energía dejó de consumirse? ¿Cuánto crecieron las ventas? ¿Cuántos nuevos mercados se alcanzaron?
Se podría crear un programa “500 empresas, 500 mejoras”: quinientas pymes canarias, quinientos problemas concretos y quinientas aplicaciones de inteligencia artificial o automatización sometidas a un indicador antes, durante y después. No basta con subvencionar el que una empresa utilice inteligencia artificial.Debemos financiar acciones que puedan demostrar que se puede producir mejor. Ese es el salto que necesitamos: pasar de financiar medios, a financiar productividad.
Formar para trabajar. Canarias mantiene una tasa de paro del 11,6%, aunque sea la menor registrada para un segundo trimestre desde 2007. Pero al mismo tiempo, empresas de distintos sectores siguen encontrando dificultades para cubrir determinados perfiles profesionales.
Esto tiene que ocupar un lugar central en el nuevo curso. No podemos seguir midiendo las políticas de formación fundamentalmente por el número de cursos, alumnos o euros ejecutados. El indicador debería ser otro: cuántas personas encuentran empleo relacionado con aquello para lo que fueron formadas.
Debemos ya avanzar hacia un sistema de formación comprometida. Las empresas tienen que identificar los perfiles que necesitarán en los próximos años. Los centros y la Administración deben diseñar la oferta formativa, a partir de esa información. Y las propias empresas participar en la formación práctica y, cuando sea posible, en compromisos de contratación.No vale ya formar primero, para preguntar después, dónde puede trabajar esa persona.
Canarias es una economía de pequeñas y medianas empresas y debemos seguir apoyándolas. Pero necesitamos que algunas crezcan. El tamaño empresarial importa, porque una empresa de mayor dimensión tiene normalmente más capacidad para invertir, innovar, exportar, digitalizarse, disponer de departamentos especializados y ofrecer carreras profesionales más amplias.
Es necesario poner en marcha un Programa Canarias 100. Cien empresas con potencial demostrado de crecimiento en industria, tecnología, agroalimentación, economía azul y servicios avanzados. No se trata de elegir ganadores desde un despacho. Se trata de identificar, mediante criterios objetivos, empresas que ya estén demostrando capacidad y preguntarles qué les impide dar el siguiente salto: financiación, talento, suelo, energía, internacionalización, tecnología, burocracia y, en base a ello, acompañarlas durante tres años para eliminar esas barreras. Una economía necesita empresas que nazcan. Pero también necesita conseguir que algunas de ellas dejen de ser pequeñas.
África no puede seguir siendo siempre el mercado del futuro. Canarias lleva décadas hablando de África como una oportunidad. Nuestra posición geográfica aparece en prácticamente todas las estrategias económicas y de internacionalización. Y tiene sentido: estamos junto a un continente que concentrará durante las próximas décadas una parte creciente de la población, la urbanización, las infraestructuras y la demanda mundial.
Pero llevamos demasiado tiempo hablando de África en futuro.Este curso deberíamos empezar a medir de otra manera nuestra política de internacionalización. Es vital ya establecer un objetivo concreto: conseguir que cincuenta empresas canarias que hoy no exportan vendan regularmente en mercados africanos antes de terminar 2027. Empresa por empresa. Producto por producto. Mercado por mercado. Y acompañarlas durante todo el recorrido: homologaciones, socio comercial, financiación, logística, seguro de crédito y primera venta. Una política de internacionalización no debería medirse únicamente por misiones comerciales realizadas. Debería medirse por volumen de facturación fuera de Canarias.
Convertir nuestros problemas en tecnología. Canarias ha explicado históricamente muchas de sus singularidades como desventajas. Insularidad. Lejanía. Fragmentación. Escasez de agua. Dependencia energética. Complejidad logística. Son problemas reales y debemos seguir defendiendo los mecanismos que compensan sus sobrecostes.
Pero podemos hacer algo más: convertir algunos de esos problemas en conocimiento exportable. Si desarrollamos aquí una tecnología que permita desalar agua utilizando menos energía, existe mercado para ella. Si encontramos mejores soluciones para almacenar electricidad en sistemas insulares, existe mercado. Si desarrollamos nuevos modelos de economía circular para territorios fragmentados, existe mercado. Si aplicamos inteligencia artificial para gestionar movilidad, logística o presión turística, existe mercado.
Canarias puede y debe ser, un laboratorio de soluciones para territorios insulares. Es necesario que durante 2027 se pongan en marcha cinco espacios reales de experimentación —sandboxes— en agua, energía, economía azul, movilidad y economía circular.Empresa, universidad, centros tecnológicos y Administración resolviendo problemas concretos. Pero eso si, con una condición: cada proyecto debería tener desde el principio un posible camino hacia el mercado.
La burocracia también consume crecimiento, ya lo comente en un articulo anterior. Hay una medida que atraviesa todas las anteriores, el tiempo. ¿Cuánto tarda realmente una autorización industrial? ¿Una instalación energética? ¿Una evaluación ambiental? ¿Una licencia? ¿Una subvención?. Y es claro que el plazo que figura en la norma.
La burocracia no es únicamente una molestia administrativa. Es un coste económico. Una inversión paralizada paga financiación, proyectos, profesionales y coste de oportunidad. Y una inversión que espera demasiado puede terminar marchándose.
Este curso debería ponerse en marcha un Indicador Canario del Tiempo para Invertir. Antes del 31 de diciembre de 2026 deberíamos identificar los cincuenta procedimientos con mayor impacto sobre la inversión y la actividad empresarial, conocer su duración real y establecer objetivos de reducción.
Deberíamos al inicio de cada curso político fijar objetivos, como las asignaturas que debemos aprobar para ir avanzando en nuestra carrera, y al terminar comprobar si se han cumplido.
Es necesario publicar un cuadro de Resultados Económicos de Canarias, de forma muy esquematica y visual, diez indicadores: productividad, peso industrial, salario medio, empresas exportadoras, empresas de mayor dimensión, inversión empresarial en I+D, peso de las renovables, tiempo medio para autorizar inversiones, empleo cualificado y proyectos científicos que llegan al mercado. Y cada seis meses explicar qué ha ocurrido.
Diez millones destinados a modernización industrial no son un éxito. El éxito son industrias más productivas. Millones destinados a formación no son un éxito. El éxito son personas trabajando en profesiones demandadas. Una estrategia de internacionalización no es un éxito. El éxito son empresas vendiendo fuera. Una ayuda energética puede ser necesaria, pero el verdadero éxito será conseguir que dentro de unos años nuestras industrias sean menos vulnerables a cada nueva crisis energética.
Por todo lo anterior, Canarias debe empezar el curso, con optimismo y con confianza en poder hacer las cosas bien. El PIB avanza por encima de la media española, el empleo mantiene niveles elevados y la industria está mostrando capacidad de respuesta. Tenemos razones para mirar hacia adelante con confianza. Pero sería un error confundir una buena coyuntura con haber resuelto nuestros problemas estructurales.
Tenemos que ser conscientes de que: seguimos generando casi ocho de cada diez unidades de electricidad con productos petrolíferos. Seguimos necesitando empresas de mayor dimensión. Seguimos teniendo dificultades para conectar formación y demanda empresarial. Necesitamos transformar mucho más conocimiento en actividad económica y reducir los tiempos que soporta una inversión.
Por eso creo que el nuevo curso político proponga otra gran estrategia, ya hay demasiadas, creo que, lo que necesitas ya, es resultados.
Y lo comente antes:
Podemos modificar los números, cambiarlos, pero lo que nunca deberiamos, es discutir es la necesidad de establecer objetivos y de una vez por todas, comprobar después si los cumplimos.
El curso que comienza no será, naturalmente, el último para Canarias. Pero probablemente sea el último gran curso político completo en el que todavía exista tiempo suficiente para abordar reformas de fondo antes de que la proximidad electoral imponga inevitablemente sus propios ritmos.
Sería una oportunidad perdida utilizarlo para volver a diagnosticar lo que ya conocemos. Cuando llegue junio de 2027 no deberíamos preguntar, si hemos aprobado o no, ni cuánto hemos gastado y cuanto invertido. Tenemos que preguntarnosqué hemos conseguido.
Porque como me dijeron una vez, quedate con lo que te suma. Por eso debemos quedarnos con las medidas y acciones que ya suman, potenciarlas y desarrollarlas, porque esas acciones no pasan dos veces.
Y entonces debemos poder decir, lo conseguimos: este procedimiento tardaba dos años y ahora tarda seis meses; esta empresa no exportaba y ahora vende fuera; esta industria dependía casi completamente de la energía convencional y ahora genera una parte de la suya; este joven pensaba marcharse y hoy va a desarrolar aquí su carrera profesional.
Ese es el crecimiento que realmente importa, el que se nota, el que permanece, el que cambia las cosas, en definitva, el que necesitamos. Y como ya comente, quedémonos y unámonos a lo que nos suma.
Y ese es el verdadero objetivo de este último curso: que no termine siendo otro curso perdido y, que Canarias pueda verrealizado el desarrollo social y económico que se merece.
