El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdoğan, contactó con responsables iraníes después de que un misil balístico lanzado desde Irán se dirigiera hacia el espacio aéreo turco y fuera interceptado por sistemas de defensa de la OTAN sobre el Mediterráneo oriental.
Según fuentes oficiales, el proyectil atravesó previamente el espacio aéreo de Irak y Siria antes de ser destruido por defensas aliadas. La interceptación evitó víctimas, aunque algunos restos del misil cayeron en la provincia turca de Hatay, en el sur del país.
Tras el incidente, Ankara presentó una protesta formal ante Teherán y pidió evitar acciones que puedan ampliar el conflicto regional. El Gobierno turco subrayó además que se reserva el derecho a responder ante cualquier acto que considere hostil contra su territorio.
Aunque un eventual ataque contra un Estado miembro de la OTAN podría activar el artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte —que establece que una agresión contra uno de sus integrantes se considera una agresión contra todos—, por el momento ni Turquía ni sus aliados contemplan invocarlo. Las partes mantienen abiertos los canales diplomáticos con el objetivo de evitar una escalada mayor.