Una producción del Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática del Gobierno de España

España en Libertad, el peligro del negacionismo

El negacionismo no empieza diciendo “la dictadura fue buena”. Empieza diciendo: “no fue para tanto”, “eso ya pasó” o “mejor no remover”.

Negar, minimizar o relativizar los crímenes del franquismo es peligroso porque desarma a la democracia. Cuando se pone en duda el sufrimiento de las víctimas, se normaliza la violencia política y se trivializa la represión.

El negacionismo no es solo una opinión: es una estrategia. Busca blanquear el pasado para justificar discursos autoritarios en el presente. Si el golpe fue “inevitable”, si la dictadura fue “orden”, entonces la democracia se presenta como débil, prescindible.

Además, el negacionismo rompe algo esencial: el consenso ético básico de que la vulneración de derechos humanos nunca es aceptable, ocurra cuando ocurra.

Una sociedad que tolera el negacionismo se acostumbra a la mentira, a la manipulación y a la desmemoria. Y una democracia sin memoria es una democracia sin defensas.

Recordar no es vivir anclados al pasado. Es proteger el futuro.