España en Libertad, ¿por qué retirar símbolos franquistas?

Retirar símbolos franquistas no es borrar la historia. Es, precisamente, ponerla en su sitio. Los símbolos no son neutrales. Un monumento, una placa o un nombre de calle honra, legitima y normaliza aquello que representa. Y el franquismo fue una dictadura: sin elecciones, sin libertades, con represión, cárcel, exilio y miles de víctimas.

En democracia, el espacio público debe representar valores democráticos, no glorificar un régimen que los negó durante décadas. Mantener esos símbolos no es memoria: es homenaje.

La historia se estudia en libros, archivos, aulas y museos. Nadie propone eliminar documentos ni esconder lo ocurrido. Lo que se hace es evitar que una dictadura siga siendo celebrada —aunque sea de forma simbólica— en plazas, fachadas o instituciones públicas.

Alemania no honra símbolos nazis. Italia no mantiene homenajes al fascismo. España no puede ser una excepción sin pagar un precio democrático.

Retirar símbolos franquistas no divide: repara, dignifica a las víctimas y envía un mensaje claro a las generaciones futuras: aquí, la democracia no convive con la exaltación del autoritarismo.