Europa avanza con un mercado laboral sólido. La tasa de paro de la eurozona se sitúa en torno al 6,2%, mientras la Unión Europea baja hasta el 5,8%, en niveles históricamente bajos según Eurostat.
España, sin embargo, continúa descolgada. El paro ronda el 9,9%, casi cuatro puntos por encima de la media europea, con alrededor de 2,4 millones de desempleados.
El contraste llega con el empleo: el país roza los 21,88 millones de afiliados, un récord histórico impulsado en gran parte por el sector servicios. Pero bajo esa cifra emergen matices clave. El peso de los fijos discontinuos —trabajadores que no siempre están en activo— y el aumento de los pluriempleos (personas con más de un contrato) inflan la afiliación sin reflejar necesariamente más empleo efectivo o estable.
Así, España presenta una paradoja estructural: crea empleo y lidera afiliación… pero mantiene uno de los mayores niveles de paro de Europa.