El primer ministro británico, Keir Starmer, ha dado un paso al frente en la crisis del estrecho de Ormuz al reunir a cerca de 40 países en busca de una solución coordinada al bloqueo impulsado por Irán. La maniobra, de alto voltaje político, supone un golpe directo al liderazgo internacional de Estados Unidos, que bajo la presidencia de Donald Trump ha optado por mantenerse en un segundo plano.
Con unos 2.000 buques retenidos y cerca de 20.000 marineros afectados, la presión sobre el comercio mundial y el suministro energético es máxima. En este contexto, Londres ha decidido asumir el papel de mediador global, apostando por una salida diplomática que evite una escalada militar.
El movimiento de Starmer no solo busca desbloquear Ormuz, sino también reforzar la posición del Reino Unido como actor clave en el nuevo orden internacional.