Las retenciones en Canarias durante esta Semana Santa han vuelto a dejar un patrón claro, con dos protagonistas indiscutibles: Gran Canaria y Tenerife, por este orden, concentrando los mayores problemas de tráfico del Archipiélago.
En Gran Canaria, la GC-1 ha soportado una alta densidad de vehículos en accesos a la capital y zonas turísticas, con circulación lenta en horas clave del retorno y retenciones prolongadas en los principales enlaces.
En Tenerife, la TF-1 ha repetido la misma escena: colas kilométricas en dirección a Santa Cruz y al aeropuerto, con tramos que han pasado de fluidos a colapsados en cuestión de minutos.
La intensidad del tráfico ha sido tal que los regresos se contabilizaron hasta las 00:30 horas, alargando la operación retorno más allá de lo habitual y evidenciando la magnitud del movimiento en el Archipiélago.
El motivo es evidente: son las islas más pobladas, con mayor actividad económica y volumen de desplazamientos, lo que multiplica la presión sobre unas infraestructuras que funcionan al límite.
El patrón se ha repetido durante toda la operación:
no grandes accidentes… sino muchos pequeños.
Averías, golpes leves o vehículos detenidos han provocado las conocidas retenciones en cascada, donde un simple frenazo termina afectando a kilómetros de vía.
El resultado ha sido una red viaria tensionada, especialmente en horas punta, con picos muy concentrados y sin capacidad de absorción.