El desolado Atlántico sur es el escenario de trabajo de los cruceros de la Antártida. Barcos pequeños, caros y exclusivos. Esa exclusividad tiene su precio, en dinero, pero también en que, si algo te pasa a bordo, una evacuación puede ser complicada.
Hay dos tipos de cruceros, el granel, y el selecto. El de los pobres, y el de la gente guapa. En el primero hay griterío, te ponen la macarena, y te tupen a comida ultraprocesada. Te desembarcas rodando hecho un tonel. En el segundo, en el hilo musical suena Smooth Operator de Sade; hay menos gente y no suelen haber niños. Importante por aquello de la paz y del: primero las mujeres y los niños, por si hay que salir por patas del paquebote. Si, a más pequeño es el barco, más caro es el billete.
¿Cuánto puede costar un crucero de 10 días en la Antártida? Preparen unos quince mil euros.
Vamos a ver cómo ha sido el viaje del Hondius, el holandés errante que agarró un catarro de roedores en Argentina.
¿Dónde habrá pillado los virus el pequeño crucero holandés? Parece inviable en la estación ballenera fantasma de Grytviken; considerada rat-free, tampoco en Tristan da Cunha, pero quizás sí en Argentina, con unos holandeses que llevaban ya semanas por las faldas de los Andes viendo pájaros.
Unos de los principales responsables de que el buque haya acabado en Tenerife son el capitán del M/V Hondius y su armador. ¿Por qué ante los primeros estornudos, el buque no regresó a Argentina, abortando el resto del itinerario? Tal vez se menospreció el cuadro médico y se achacó a una mera gripe, o para evitar reclamaciones. Antes de aproar a la fatal recta final de su campaña, momento en el que se desató la emergencia a bordo, el Hondius ya había realizado algún salto entre Ushuaia y la península antártica.
Tristan da Cunha es un peñasco que emerge del atlántico sur. Una posesión británica de ultramar azotada por los cuarenta rugientes y dejada de la mano de dios donde sus habitantes son descendientes de seis o siete apellidos británicos; son todos casi primos. En la isla, una especie de La Gomera al borde de la Antártida, hay una cepa interesante de rata proveniente de un naufragio del siglo XIX, la llamada Rattus rattus.
Cada 30 de mayo se celebra el Ratting Day. Una cacería donde la gente sale a matar ratas para mantener la población de roedores a raya y así salvaguardar las papas más meridionales del planeta. Es la versión plebeya de la caza del zorro inglesa. Gana la competición quien presente la cola más larga de rata…Si el crucero hubiera visitado la isla un poco más tarde, podían haber participado en el acontecimiento. Aunque me temo que los británicos de Tristan están bastante más sanos que el pasaje de cierta edad que viaja en estos cruceros elitistas.
El Hondius, registro de Países bajos, es el típico barco de turismo para poco más de ciento cincuenta pasajeros, que pasa el verano austral en las selectas excursiones que parten de Punta Arenas, o Ushuaia, para visitar la Antártida, una mañana en Malvinas, viendo ovejas y pastores escoceses cabeza abajo, otra en South Georgia, deambulando entre el óxido abandonado de una estación ballenera, en una playa negra volcánica llena de leones marinos echados al tímido sol austral, y la joya de la experiencia, una escala en Tristan da Cunha, la endogamia que habla inglés en una de las islas más remotas del planeta. No hay aeropuerto, tampoco puerto, y cuando la gente aún se escribía cartas, estas, y todo, llegaban desde Ciudad del Cabo en el último buque correo que ha navegado, el RMS St Helena.
La letra pequeña que no te cuentan de los exclusivos cruceros del Atlántico sur es que si te pasa algo, las facilidades de evacuación médica son muy limitadas. Un problema médico grave al este de South Georgia implica navegar a toda máquina hacia Malvinas, o el continente, pues estas islas están deshabitadas.
Pero una cosa es un tobillo roto y un vuelo de evacuación SAR, y otra bien distinta este escenario vírico en mitad del Atlántico, con un solo aeropuerto disponible, en St Helena, otra posesión británica de ultramar. Una piedra atlántica prima de El Hierro en su orografía, donde [desterrado] pasó el resto de su vida un tal Napoleón. Su aeropuerto, una construcción millonaria sin vuelos, es una instalación fallida con similitudes al Puerto de Granadilla, que sólo dispone de un vuelo semanal a Johannesburg, y que suele ser irregular en fechas.
Antes de navegar hacia Cabo Verde, ¿nadie pensó en la costa de Brasil? El buque tomó fondeo en Praia, donde las autoridades locales no autorizaron un operativo mayor por razones de salud pública. El pequeño estado insular no pareció por la labor de arriesgarse a un contagio que su precaria sanidad no pudiera vencer. Normal.
El karma del millonario atrapado en un barco de lujo en el tercer mundo; ¿ven?, a los “pobres” de un crucero MSC en el Mediterráneo no les habría pasado esto. Solo se habla de los acaudalados pasajeros; ¿pero y los tripulantes?, subalternos filipinos en los habituales contratos de semi-esclavitud de los cruceros, y oficiales de Europa del este, lo cual incluye a Rusia.
Este escenario pone en liza tres modelos insulares. Las posesiones británicas de ultramar. Islas pequeñas con población importada, que no evolucionaron hacia la independencia y quedaron encajadas como hijastros administrativos de Londres. Cabo Verde, que se independizó de Lisboa y se convirtió en un estado archipelágico, soberano; y el modelo canario, encajado como otra comunidad autónoma más con cierto maquillaje de autonomía y que, en estas endiabladas letras pequeñas, sale a flote como una realidad insular – atlántica se gobierna con pensamiento continental. Sublime el señor Clavijo hablando de trato colonial mientras pide subvenciones de manera crónica.
La OMS, en una recomendación, que no conlleva obligación, señaló Canarias como el lugar de garantías sanitarias más cercano a Praia ¿Y el prestigioso Instituto Pasteur de enfermedades tropicales de Dakar, con vuelos diarios a media Europa?
Y aquí tomó el timón la España del buenismo, siempre al rescate de cualquier causa “humanitaria”; ya sea un remolcador de una ONG de salvamento privado realizando operaciones SAR de dudosa legalidad, usar la armada para réditos electorales dando escolta a una regata perroflauta, o ahora un crucero con millonarios infectados. Vaya por delante que, esta crisis sanitaria, había que solucionarla y algún país con garantías debía hacerlo.
¿Quién es el máximo responsable a la hora de autorizar la entrada a puerto – aguas territoriales de un buque? El capitán marítimo, que sigue ordenes de despachos de más arriba. ¿Puede negarle la entrada al buque? La arribada de buques en los puertos españoles se podrá prohibir o condicionar por razones de emergencia, o riesgos específicos para la salud pública, Articulo 7 Ley de Navegación marítima.
El buque, al final, se vio obligado a atracar en el Puerto de Granadilla, y esta noche podría hacerse a la mar a destino en Países bajos; donde le espera una dura realidad administrativa y jurídica a la empresa, pero sobre todo al capitán, polaco. Es posible que a este buque lo veamos con otro nombre, bajo otro registro, e incluso vendido, para que la empresa que lo explota se aleje del incidente.
Y finalmente apareció el viento y no quedó más remedio que atracar; y hasta suerte ha habido para completar el desembarco en medio de la otra marejada, el show político sin desperdicio al que seguimos asistiendo.
Lo cierto es que nadie fondea en aguas costeras de Granadilla. El viento y el maretón lo convierten en un lugar poco apropiado, pese a que se haya tenido “suerte” con la meteorología. La cartografía náutica no muestra zona de fondeo en Granadilla. Se trata de un puerto inválido en ese sentido, cuyo remolcador asociado está en Santa Cruz con un tiempo de respuesta de 3 horas. Una chapuza portuaria que ahora recibe su colofón y visitante más surrealista.
La realidad es que ni el mismísimo diablo habría dibujado semejante remate para el puerto walking dead de Granadilla. Es la guinda de un escenario donde el óxido y el abandono florecen. El jardín de las delicias de la chatarra flotante y los cayucos amontonados. Una oda al ego del nacionalismo de platanera y hormigonera al que ahora, en su sarcófago de hormigón, llega lo único que podría “mejorar” el escenario, un crucero con infectados por virus contagiados por ratas.
También les puedo asegurar que esta vez no habría peleítas entre los politiquillos insulares porque el barco visite una isla, o la otra. Como ven, la letra pequeña de este sainete marítimo parece inacabable.
El M/V Hondius está docto en operaciones de desembarco usando sus embarcaciones auxiliares. Motivo por el cual podría haber realizado la operación el mismo. Finalmente se charteo, al bolsillo del armador, una embarcación auxiliar para llevar a cabo el desembarco. No descarté que la operación la llevara a cabo alguna embarcación de la administración; cosa lógica cuando dispones de medios. ¿La Guardia Civil no quiere ser un cuerpo de guardacostas? Igual fue una oportunidad para salir en la foto. Respecto al show de la casta política, la nativa, y la goda, intentando sacar rédito electoral de la situación, corramos un tupido velo.
¿Pero y si les dijera que esta historia, la de un buque de pasaje con historias de ratas no es nueva? Ya vimos algo parecido con el Lyubov Orlova. Un pequeño crucero de construcción yugoslava, que navegó con bandera de la URSS, después de Rusia, y que acabó en manos privadas para hacer cruceros en aguas de la Antártida. En uno de sus viajes, el buque encalló en un bajo de Isla Decepción y fue auxiliado por el buque de la armada española Las Palmas.
Una vez acabada la campaña austral, el Orlova navegaba hasta Canarias y quedaba atracado en Santa Cruz de Tenerife durante muchas semanas. Era un visitante habitual. Por líos del mundo marítimo, el buque acabó atracado en St Jhons, Canadá, y también embargado. Su deuda era ridícula para el mundo marítimo, poco más de trescientos mil dólares.
En algún momento alguien lo compró como chatarra y en el tránsito de su viaje, remolcado hacia Republica Dominicana, el tren de remolque faltó y el buque quedó a la deriva en aguas cercanas al triangulo de las Bermudas…Un escenario ideal para lo que sigue.
El barco fue una pesadilla para los MRCC, o centros de salvamento marítimo, pues sus radiobalizas no paraban de emitir señales de SOS, pero el buque, evidentemente, estaba sin tripulantes y a la deriva. Durante algún tiempo se le creyó hundido, o atrapado en un bucle de corrientes en aguas al noreste de Bermudas a inicios del año 2013. Lo cierto es que el pequeño crucero, similar al Hondius, estaba a merced de la corriente del golfo y derivaba hacia el este.
La noticia fue presa del periodismo amarillista británico. Casi al mismo nivel que el sainete político que ha generado el Hondius. The Sun tituló que un crucero zombi lleno de ratas caníbales se “dirigía”, sin tripulantes, hacia las islas británicas. Hay un halo de desinformación en torno a si el Lyubov Orlova se ha terminado de hundir, o sigue a la deriva en el Atlántico norte cual barco fantasma. La realidad mínimo iguala la ficción por fuera de la milla 13.
La moraleja, aparte de que Canarias está condenada a “comerse” cualquier “movida” marítima que pase a su alrededor, sin decisión propia, y la utilidad de tener un gato a bordo, es que en un crucero en plan todo incluido con 5000 almas hacinadas, con clínica a bordo, y en el circuito costero del Mediterráneo, los Fiordos, o la campaña en Canarias, ofrece, llegado el caso, una evacuación más ágil que andar tirado en el foso del planeta en un crucero exclusivo para gente posh. Aun así, no me seduce la idea de amontonar pasajeros en una lata metálica en forma de colmena, pero si tengo que elegir, prefiero la experiencia de las ratas, a encontrarme a mis vecinos con camisa hawaiana en el Costa de turno.
Pd: ¿Han notado un incremento de publicidad relativa a cruceros?
Texto y foto: Rafa Muñoz Abad (@Springbok1973)