El diario Granma, órgano oficial del Partido Comunista de Cuba y portavoz del régimen cubano, ha publicado una nota en la que reconoce la muerte de 32 ciudadanos cubanos en Venezuela, a los que califica como “combatientes caídos en cumplimiento de su deber”. Según el propio medio, los fallecidos formaban parte de misiones vinculadas a las Fuerzas Armadas Revolucionarias y al Ministerio del Interior, desplegadas en el país sudamericano a petición de las autoridades venezolanas.
Aunque Granma evita detallar funciones concretas, distintas fuentes y analistas interpretan que estos efectivos estarían integrados en dispositivos de seguridad estratégica, incluyendo tareas de inteligencia, contrainteligencia y protección de altos cargos, en un contexto de profunda desconfianza interna dentro de las fuerzas venezolanas. No es un secreto que el entorno de Nicolás Maduro ha delegado históricamente su seguridad personal y la de infraestructuras clave en personal cubano, ante el temor a fracturas, conspiraciones o traiciones internas.
El propio lenguaje del comunicado —que habla de “terrorismo de Estado” y “agresión externa”— refuerza la idea de una operación sensible y de alto nivel. En círculos diplomáticos y de inteligencia se apunta, además, a que desde el verano pasado se habrían intensificado movimientos encubiertos de actores extranjeros, en un escenario de creciente presión internacional y debilidad del aparato chavista.
El texto de Granma, más que una simple nota luctuosa, confirma la profunda implicación del régimen cubano en la arquitectura de seguridad del madurismo y deja entrever hasta qué punto Caracas depende de La Habana para su propia supervivencia política.