‘Hay imágenes que rompen el corazón y dejan una lección que nunca deberíamos olvidar‘, por Alfonso Escalero

Hay imágenes que se quedan grabadas para toda la vida.

No importa cuántos años pasen. Hay escenas que se clavan en la memoria, que rompen el corazón y nos acompañan para siempre. Lo que está ocurriendo en Venezuela es una de ellas. No son solo edificios derrumbados o calles convertidas en polvo. Son vidas truncadas, familias rotas y sueños sepultados bajo los escombros.

En momentos como este solo hay una prioridad: salvar vidas. Cada persona rescatada es un triunfo de la esperanza frente a la tragedia.

Pero cuando el ruido de las sirenas se apaga por un instante, es inevitable pensar en quienes ya no volverán. En quienes han perdido a un padre, una madre, un hijo o un hermano. En quienes, en apenas unos segundos, vieron desaparecer el trabajo de toda una vida y el lugar al que llamaban hogar.

La naturaleza no entiende de fronteras, de ideologías ni de calendarios. Sigue su camino, como lo ha hecho siempre y como lo seguirá haciendo.

Lo que sí podemos cambiar somos nosotros.

Nuestra manera de convivir con ella. Nuestra capacidad para escuchar a la ciencia, planificar mejor y aprender de cada tragedia. Porque demasiadas veces señalamos a la naturaleza como culpable cuando, en realidad, somos nosotros quienes no hemos querido escuchar sus advertencias.

Y volvemos a tropezar con la misma piedra.

Ojalá las imágenes que hoy nos rompen el corazón no se borren cuando desaparezcan de las portadas y de los informativos. Ojalá se conviertan en una enseñanza. Ojalá nos ayuden a construir un mundo más preparado, más responsable y más consciente.

Porque las vidas que podamos salvar mañana empiezan con las decisiones que tomemos hoy.

A veces me pregunto de qué sirve toda la inteligencia que hemos desarrollado como seres humanos si, una y otra vez, seguimos repitiendo los mismos errores. Ojalá esta vez sea diferente.

Ojalá el inmenso dolor de Venezuela sirva para enseñarnos que la naturaleza no siempre puede evitarse, pero sí podemos evitar muchas de las consecuencias de no respetarla.

Ese será el mejor homenaje a quienes ya no están. Y la mayor esperanza para quienes aún estamos a tiempo de aprender.

Alfonso Escalero