Heavy metal, por Iván Bonales: «Banquillos, amnesia y el ‘y tú más’: España mira a los tribunales… y Canarias arde en presente»

España entra en modo juicio… pero también en modo olvido selectivo.

Arranca la semana con la Operación Kitchen sentando en el banquillo al pasado del PP, mientras la trama de las mascarillas sigue cercando al entorno del PSOE. Dos fotos, dos tiempos… y un mismo patrón: nadie asume, todos acusan.

Porque aquí la clave no es quién está… sino quién ya no está.

Mariano Rajoy no está.
Pero Pedro Sánchez sí.

Y esa es la diferencia que incomoda.

Durante años, Sánchez construyó su discurso sobre la exigencia máxima: responsabilidades, dimisiones, ejemplaridad. Lo hizo contra Rajoy. Lo hizo hasta llegar a La Moncloa.

Ahora el tablero ha cambiado.

Si los suyos caen…
¿qué hace?

Porque si hay condenas en el entorno del PSOE, la pregunta no es jurídica… es política. Y es la misma que él lanzó en el pasado: ¿dimite o mira hacia otro lado?

Mientras tanto, en el otro lado del ring, Alberto Núñez Feijóo juega a ser el Sánchez de antaño: exige, golpea, señala… pero sin el poder suficiente para ejecutar.

Pero hay un territorio donde esto no es pasado… es presente.

Canarias.

Aquí, el caso mascarillas no es historia judicial lejana, sino actualidad viva, con el foco puesto en la gestión de la pandemia y con el llamado Gobierno de las Flores aún en el ojo del huracán político y mediático.

Y eso cambia todo.

Porque mientras en Madrid se habla de lo que fue…
en Canarias se discute lo que es.

Unos con Kitchen.
Otros con mascarillas.
Y todos con el mismo manual:
“y tú más” como defensa universal.

La política española ha entrado en un bucle donde la memoria dura lo que tarda el rival en abrir la boca. Nadie recuerda lo propio. Todo se utiliza contra el otro.

Pero la realidad es más incómoda:
la corrupción no distingue siglas… y la responsabilidad tampoco debería.

Esta semana no va de izquierda o derecha.
Va de banquillos… de presente… y de coherencia.

Y ahí es donde España —y Canarias— vuelven a fallar.

Porque mientras los casos avanzan en los tribunales…
la política sigue instalada en la amnesia.

Una amnesia interesada.
Selectiva.
Y peligrosamente rentable.