En este diario siempre hemos defendido la capacidad regional, la visión de conjunto y la necesidad de construir Canarias desde la unidad. Por eso sorprende que, una vez más, el debate público derive hacia el terreno resbaladizo de los equilibrios insulares, ese que tantas veces ha servido más para confrontar que para avanzar. No a los pleitos entre islas.
En este contexto irrumpe Antonio Morales Méndez con una crítica directa a Proexca, señalando un supuesto sesgo hacia Tenerife. Y lo hace, curiosamente, sin haber aclarado aún si repetirá como candidato al Cabildo. Pero el tono, el momento y el contenido invitan a pensar que algo se está moviendo. Que el modo electoral, quizá, ya está activado.
Porque resulta paradójico apelar ahora al equilibrio de “todas las islas” desde posiciones tradicionalmente marcadas por un fuerte insularismo. ¿Estamos ante una reflexión sincera o ante un discurso que busca ensanchar perímetro político? La duda no es menor.
Sin caer en el “y tú más”, convendría abrir el foco. Porque los desequilibrios no son patrimonio exclusivo de una isla ni de una institución concreta. También existen diferencias evidentes en ámbitos como las infraestructuras entre islas capitalinas, y más aún respecto a las no capitalinas, a las que ahora se menciona con tono protector, aunque no siempre con la misma intensidad en la práctica.
Si lo que se pretende es mejorar la acción de Proexca o reforzar la posición de Gran Canaria en el exterior, el camino parece claro: propuestas, proyectos y liderazgo. Exactamente lo mismo que se exige desde el Cabildo a quienes quieren hacer cosas. Lo demás corre el riesgo de quedarse en ruido político.
Porque, llevado al extremo, el argumento se vuelve frágil: cuestionar una entidad por estar dirigida desde Tenerife sería tan discutible como señalar a Pablo Rodríguez por favorecer a Gran Canaria en materia de carreteras por su procedencia. Y ese no es el terreno en el que debería moverse el debate público.
Queda tiempo por delante, sí. Pero declaraciones como estas no pasan desapercibidas. O ha sido un desliz o estamos ante los primeros compases de una estrategia más amplia.
Y todo esto, presidente, se dice con buen rollo. Pero ya sabe: si uno se enfada, tiene dos trabajos… calentarse y quitarse la calentura.