'La generación que decide si quedarse', por Víctor Portugués

Hay preguntas que empiezan a aparecer poco a poco en la vida diaria de Canarias. No surgen en grandes debates públicos ni en informes económicos. Aparecen en algo mucho más sencillo: en una charla entre amigos, en una sobremesa familiar o en la conversación tranquila de un padre o una madre con su hijo que está terminando sus estudios.

Son preguntas que tienen que ver con el futuro.

Cada vez más jóvenes canarios se encuentran en un momento decisivo de sus vidas: el instante en el que deben elegir si desarrollar su carrera profesional aquí, en las islas donde han crecido, o buscar oportunidades fuera. No siempre es una decisión fácil. Tampoco es necesariamente dramática. Pero sí refleja una realidad que merece ser observada con atención: qué posibilidades ofrece hoy Canarias a una generación que llega mejor preparada que nunca.

Una generación mejor preparada que nunca

Canarias cuenta probablemente con una de las generaciones jóvenes mejor formadas de su historia. Universidades consolidadas, centros de formación profesional cada vez más especializados y una creciente movilidad académica han permitido que miles de jóvenes se preparen para afrontar los desafíos de una economía global.

Muchos hablan varios idiomas, dominan herramientas tecnológicas avanzadas y tienen una mentalidad abierta al mundo. Son, en muchos sentidos, el reflejo de una sociedad que ha invertido durante décadas en educación y en oportunidades.

Sin embargo, esa preparación también abre una puerta que no siempre conduce de vuelta a casa. Porque cuanto mayor es la formación, mayor suele ser también la movilidad profesional.

El dilema silencioso

Para muchos jóvenes canarios el dilema no es entre quedarse o marcharse por obligación. Es algo más complejo. 

Es la sensación de que, fuera de las islas, las oportunidades profesionales pueden ser más amplias o rápidas. Más especializadas, en algunos casos. Más estables, en otros. Y cuando esa percepción se instala en la conversación colectiva, empiezan a surgir decisiones individuales que poco a poco cambian la realidad de un territorio.

No todos se marchan, por supuesto. Muchos apuestan por quedarse, emprender o desarrollar su carrera aquí. Pero cada salida de talento cualificado plantea una pregunta que va más allá de una biografía personal: qué tipo de economía estamos construyendo y qué oportunidades ofrece para quienes empiezan su vida profesional.

Una cuestión que va más allá del empleo

A veces se analiza este fenómeno únicamente desde el punto de vista del mercado laboral. Pero el debate es más amplio. Tiene que ver con las posibilidades de desarrollar proyectos profesionales estables, con la capacidad de innovar, con la existencia de sectores que demanden perfiles cualificados y con la percepción de que el esfuerzo formativo tendrá un recorrido real en el entorno cercano.

Cuando esas condiciones existen, el talento tiende a quedarse. Cuando no, el talento se mueve. Y en una economía globalizada, ese movimiento es cada vez más fácil.

El papel de la economía productiva

Aquí aparece una cuestión que cada vez preocupa más en los círculos empresariales y académicos: la necesidad de fortalecer sectores capaces de generar empleo cualificado y estable.

El turismo seguirá siendo, sin duda, un pilar fundamental de la economía canaria. Pero muchos expertos coinciden en que el archipiélago necesita avanzar hacia una estructura económica más diversificada.

Sectores como la industria vinculada a energías renovables, la economía azul, la biotecnología marina, la transformación agroalimentaria o determinadas actividades tecnológicas pueden abrir espacios profesionales que hoy todavía son limitados.

No se trata de sustituir lo que ya funciona, sino de ampliar el horizonte. Porque cuanto más diverso sea el tejido productivo, más oportunidades aparecerán para perfiles distintos.

El valor de quedarse

A pesar de las dificultades, hay algo que sigue caracterizando a muchos jóvenes canarios: el deseo de construir su vida aquí.

No es solo una cuestión sentimental, aunque el vínculo con el territorio, con la familia o con la cultura local pesa más de lo que a veces se reconoce. También es una cuestión de identidad y de pertenencia.

Muchas personas no quieren marcharse definitivamente. Quieren poder desarrollar su proyecto profesional en el lugar donde han crecido. Y cuando esa posibilidad existe, las islas ganan algo más valioso que cualquier indicador económico: una generación que apuesta por su propio territorio.

Mirar el futuro con ambición

El debate sobre el futuro de Canarias suele centrarse en cifras de crecimiento, número de visitantes o indicadores macroeconómicos. Son datos importantes, sin duda.

Pero tengo muy claro que hay otra forma de medir el verdadero éxito de un modelo económico: observar si los jóvenes que se forman aquí sienten que también pueden desarrollar aquí su vida profesional. Si la respuesta es afirmativa, significa que la economía está generando oportunidades reales. Si no lo es, la reflexión se vuelve inevitable y, lo que es más importante y vital, tenemos que poner todas los medios y acciones para posibilitar que los jóvenes se queden y trabajen en Canarias, porque además se da la condición de que Canarias tiene talento, creatividad y una sociedad abierta al mundo. Pero el verdadero reto de los próximos años será convertir ese talento en oportunidades concretas dentro del propio archipiélago.

Porque cuando una generación decide quedarse, no solo está tomando una decisión personal. Está apostando por el futuro de su tierra. Está diciendo, de alguna manera, que cree en las posibilidades de estas islas, que confía en que aquí también se pueden construir proyectos profesionales, innovar, emprender y contribuir al progreso colectivo.

Quedarse no significa conformarse. Al contrario. Muchas veces significa asumir un compromiso más profundo: el de intentar mejorar el lugar en el que uno ha crecido, aportar talento, ideas y esfuerzo para que la sociedad avance.

Por eso, el reto no es solo de quienes toman esa decisión. También lo es del conjunto de la sociedad. De las empresas que generan oportunidades, de las instituciones que deben facilitar el camino y de una comunidad que entiende que invertir en su juventud es, en realidad, invertir en su propio futuro.

Si conseguimos crear un entorno en el que el talento joven encuentre espacio para desarrollarse, Canarias no solo tendrá una generación preparada y llena de energía, trabajando en empresas Canarias. Ganará algo aún más valioso: una sociedad que confía en sí misma y que sabe que su mejor recurso no está en los mercados internacionales ni en las estadísticas económicas, sino en las personas que han decidido construir aquí su vida.

Porque cuando una generación decide quedarse, no solo está tomando una decisión personal. Está apostando por el futuro de su tierra. Y ese, probablemente, sea el verdadero indicador de que una sociedad avanza en la dirección correcta.