Las autoridades venezolanas han restringido el acceso de voluntarios a la zona más afectada de La Guaira para facilitar el trabajo de los equipos especializados de rescate, que continúan buscando supervivientes entre los edificios derrumbados. La medida pretende evitar riesgos y agilizar las labores de emergencia en una zona donde todavía se trabaja contrarreloj.
La situación humanitaria es cada vez más complicada. Miles de personas permanecen sin suministro eléctrico y dependen de generadores para disponer de energía, mientras la falta de agua potable y de servicios básicos dificulta la atención a los afectados. A ello se suman las altas temperaturas y la presencia de cadáveres de personas y animales entre los escombros, un escenario que preocupa a las autoridades sanitarias.
La OMS alerta del riesgo sanitario por el calor, la falta de agua y los cadáveres sin retirar.