Esta semana ponemos el foco en un evento que va mucho más allá de lo religioso y que tendrá un importante impacto económico: la próxima visita del Papa a Canarias.
Las Islas Canarias, y especialmente Tenerife, son uno de los principales destinos turísticos del mundo. Cada año recibimos cerca de 20 millones de visitantes, atraídos principalmente por nuestro clima, nuestras playas y nuestra naturaleza. Es lo que en economía llamamos una “ventaja comparativa”: tenemos recursos naturales que nos hacen muy competitivos frente a otros destinos.
Pero claro, depender tanto de un solo tipo de turismo también tiene sus riesgos. Y aquí es donde entra en juego la importancia de eventos como la visita del Papa.
Este tipo de acontecimientos generan lo que se conoce como “impacto económico directo e indirecto”. El impacto directo es fácil de entender, más visitantes que vienen específicamente al evento, que gastan en hoteles, restaurantes, transporte o comercio local. Pero también hay un impacto indirecto muy relevante: el dinero que esos negocios ingresan luego se redistribuye en la economía local, generando empleo y actividad.
Además, hay un tercer efecto muy importante: el impacto mediático. La visita del Papa atraerá la atención internacional, con cobertura de medios de todo el mundo. Esto es publicidad gratuita para Canarias, algo que en términos de marketing turístico tendría un coste millonario. Es lo que se conoce como “efecto escaparate”: durante unos días, el mundo entero estará mirando a las islas.
Y esto enlaza con una idea clave: la diversificación del turismo. Canarias no puede depender únicamente del modelo de sol y playa. Eventos culturales, deportivos, musicales, y en esto casos religiosos, permiten atraer a nuevos perfiles de visitantes y, además, ayudan a reducir la estacionalidad, es decir, que no todo el turismo se concentre en las mismas épocas del año.
La visita del Papa encaja perfectamente en lo que se denomina “turismo de eventos” o incluso “turismo religioso”, un segmento que mueve millones de personas en todo el mundo. Pensemos, por ejemplo, en ciudades que han sabido posicionarse gracias a este tipo de turismo.
Eso sí, también hay que tener en cuenta los costes. Un evento de esta magnitud implica un importante despliegue de seguridad, logística y organización, que en parte asumen las administraciones públicas. La clave económica está en que los beneficios, tanto a corto como a largo plazo, compensen esa inversión, y por supuesto, que este “evento” en si se gestione y organice adecuadamente.
Y aquí es donde entra una visión estratégica: si Canarias sabe aprovechar este momento, puede reforzar su marca como destino no solo de descanso, sino también de grandes eventos internacionales. Es decir, pasar de ser un destino “monoproducto” a uno más diversificado y potente.
En resumen, la visita del Papa no es solo un acontecimiento puntual. Es una oportunidad económica: para generar ingresos inmediatos, para proyectar la imagen de Canarias en el mundo y, sobre todo, para avanzar hacia un modelo turístico más variado y sostenible en el tiempo, debiendo tener en cuenta que visitas papales que pudiéramos considerar como similares en otros lugares del mundo, han llegado a generar un impacto económico aproximado de hasta unos 100 millones de euros.