La píldora económica de Jordi Bercedo: «Tenemos unos mercados más maduros y confiados, y eso es muy buena señal»

Jordi Bercedo, economista.

En las últimas semanas hemos sido testigos de cómo la economía y, en particular, los mercados financieros, reaccionan casi en tiempo real a los acontecimientos internacionales. El reciente conflicto en Irán generó, como suele ocurrir en estos casos, una primera reacción de incertidumbre en las bolsas de todo el mundo.

Cuando aparece un riesgo geopolítico, los inversores tienden a actuar con cautela. Esto se traduce, de forma bastante habitual, en caídas en los mercados bursátiles. Es una reacción lógica: ante la duda, muchos prefieren reducir riesgos y esperar a ver cómo evolucionan los acontecimientos.

Sin embargo, lo interesante en esta ocasión es que las caídas han sido relativamente moderadas si las comparamos con otros episodios recientes. Por ejemplo, durante la crisis del COVID-19 vimos descensos mucho más intensos y rápidos, fruto de una incertidumbre global mucho mayor y, sobre todo, más difícil de medir.

¿Qué nos indica esto? Principalmente, que los mercados hoy son más sólidos, es decir, tienen una mayor capacidad para absorber impactos sin sufrir caídas tan bruscas. También refleja que los inversores han aprendido de experiencias anteriores y reaccionan de forma más equilibrada y madura.

Otro concepto importante es que los mercados no solo reaccionan a lo que ocurre hoy, sino a lo que creen que ocurrirá mañana. Es lo que en economía llamamos “expectativas”. En este caso, aunque el conflicto generó preocupación inicial, los inversores han interpretado que su impacto podría ser limitado o temporal.

Y aquí entra en juego lo que hemos visto en los últimos días. Tras el anuncio de un alto el fuego, aunque sea provisional, la percepción de riesgo ha disminuido. Y cuando baja el riesgo percibido, vuelve la confianza.

Esa recuperación de la confianza se está reflejando en los mercados bursátiles, que han retomado la senda alcista y han recuperado niveles superiores a los 18.000 puntos en el caso español del IBEX 35.

Esto tiene un efecto directo en la economía cotidiana, aunque a veces no lo percibamos de forma inmediata. Cuando suben las bolsas, también lo hacen los fondos de inversión y los fondos de pensiones, lo que beneficia el ahorro de muchas familias.

Además, unos mercados estables y en crecimiento facilitan la inversión empresarial, ya que generan un entorno de mayor seguridad y previsibilidad.

En definitiva, lo que estamos viendo es un ejemplo claro de cómo los mercados financieros funcionan como un termómetro de la confianza. Han reaccionado con cautela ante el conflicto, pero sin excesos, y ahora responden con optimismo ante señales de estabilidad.

De cara al futuro, si se consolida un alto el fuego definitivo, es razonable pensar que los mercados podrían mantener esta tendencia positiva. No porque desaparezcan los riesgos, que siempre existen y existirán, sino porque la incertidumbre se reduce, y eso es clave para la economía.

En resumen, estamos ante un escenario en el que la moderación en las caídas y la rapidez en la recuperación nos hablan muy bien de unos mercados más maduros, más preparados y, en cierta medida, más confiados.

Y eso, sin duda, es una señal positiva.

Jordi Bercedo Toledo.

Economista.