El estadillo bélico iraní amenaza seriamente al mundo y los mercados financieros no han tardado en reaccionar. En estos primeros días de conflicto hemos visto caídas importantes en las bolsas de todo el mundo, reflejando la preocupación de los inversores.
Para que nos hagamos una idea: el IBEX 35 español ha registrado descensos muy grandes, en línea con otras bolsas europeas. Esto no significa que estemos ante una crisis financiera, al menos de momento, pero sí evidencia un aumento claro de la incertidumbre global.
¿Por qué caen las bolsas cuando hay un conflicto como este? Muy sencillo: a los mercados no les gusta la incertidumbre. Los inversores temen que la guerra encarezca la energía, frene el comercio mundial o ralentice la economía. Por eso venden activos de riesgo, como acciones, y se refugian en valores considerados más seguros.
Y aquí entran dos factores energéticos clave: el petróleo y el gas.
Por un lado, el petróleo ya está reaccionando al alza por el miedo a problemas de suministro en Oriente Medio. Pero, además, en Europa estamos viendo tensión en el precio del gas natural, que es especialmente sensible a cualquier riesgo geopolítico. Cuando sube el gas, sube el coste de generar electricidad, lo que termina notándose en la factura energética de empresas y hogares.
Si estas subidas se consolidan, el efecto se transmite en cadena:
- Transporte más caro
- Electricidad más cara
- Presión al alza sobre la inflación
Pero el impacto potencial no se limita a la energía. Un conflicto prolongado en la región también puede encarecer otros productos clave, como los fertilizantes, que son muy dependientes del gas natural, determinados productos petroquímicos y parte de la cadena agroalimentaria. Esto podría añadir nuevas presiones inflacionistas a nivel global.
Y aquí aparece otro riesgo importante: los tipos de interés. Si el repunte de la energía y de los costes industriales vuelve a impulsar la inflación, los bancos centrales podrían verse obligados a retrasar bajadas de tipos o incluso endurecer su política monetaria durante más tiempo del previsto. Ese escenario suele ser negativo para la renta variable y ayuda a explicar en parte lo que estamos viendo en el IBEX 35.
Para España, que importa la mayor parte de la energía que consume, esto es especialmente delicado. Y en Canarias aún más, por nuestra dependencia del transporte aéreo y marítimo.
Ahora bien, no todo son riesgos. Desde el punto de vista logístico puede abrirse una ventana de oportunidad.
Si la inseguridad en Oriente Medio se prolonga, parte del tráfico marítimo mundial podría desviarse hacia rutas atlánticas más seguras. En ese escenario, los puertos españoles, y especialmente los canarios, podrían ganar protagonismo como puntos de escala, repostaje y redistribución. Eso podría traducirse en más actividad portuaria y más negocio para servicios asociados.
¿Y qué pasa con el turismo, motor económico del archipiélago?
Aquí hay un equilibrio delicado, ya que, por un lado, cuando aumenta la inestabilidad en otras regiones, Canarias suele reforzar su imagen de destino seguro, lo que puede favorecer la llegada de visitantes.
Pero por otro, si el petróleo y el gas siguen encareciéndose, los vuelos y los costes energéticos subirán. Y cuando viajar se vuelve más caro, parte de la demanda turística se enfría, especialmente en los segmentos más sensibles al precio.
Pero más allá del impacto inmediato, este conflicto abre riesgos geopolíticos de mayor calado, ya que los mercados temen sobre todo tres cosas:
- Una posible escalada regional en Oriente Medio
• Tensiones en rutas marítimas estratégicas
• Y un nuevo periodo de volatilidad energética global
Si el conflicto se amplía o se prolonga en el tiempo, podríamos entrar en una fase de mayor fragmentación geopolítica, con más proteccionismo, más costes logísticos y una economía mundial creciendo con más dificultad.
Estamos todavía en una fase muy inicial. La clave será la duración y la intensidad del conflicto.
Seguiremos muy atentos.
Jordi Bercedo Toledo
Economista