La píldora económica de Jordi Bercedo: «Viajar a Canarias sigue siendo un deseo irrenunciable, pero ahora es más caro de producir»

La prensa económica abre la semana con un titular llamativo: Canarias pierde turismo extranjero por primera vez en abril tras el boom de la pandemia. En concreto, la llegada de visitantes internacionales ha bajado un 8,3 %.

Para entender esto sin alarmismos, lo primero que debemos hacer es mirar el calendario. Este año, la Semana Santa cayó en marzo y provocó un cierre adelantado de la temporada alta vacacional. Sin embargo, si miramos la foto completa, en el acumulado de los primeros cuatro meses del año, las islas siguen estableciendo un récord con casi 5,7 millones de viajeros extranjeros. Por tanto, no estamos ante un desplome, sino ante una lógica moderación del mercado.

Sin embargo, debemos ser conscientes de lo que esta ocurriendo fuera de nuestras fronteras, ya que, sin lugar a duda, puede condicionar el verano que está a punto de comenzar.

El conflicto bélico con Irán y el bloqueo del estrecho de Ormuz, lugar por donde pasa una quinta parte del petróleo mundial, ha puesto en jaque el sector de la energía. El crudo sube y, con él, el queroseno que usan los aviones.

Consecuentemente los turoperadores ya estiman incrementos de entre el 7 % y el 9 % en el coste de los paquetes vacacionales para paliar la subida del transporte y de los costes operativos de los hoteles.

Viajar a Canarias sigue siendo un deseo irrenunciable para millones de europeos, pero ahora es, sencillamente, más caro de producir.

Llegados a este punto, entra en juego nuevamente el concepto del que todos hablan pero que pocos explican bien en el día a día: la inflación. Tras unos meses donde parecía que nos habíamos acostumbrado a la subida de precios, el encarecimiento de la energía ha vuelto a hacer repuntar la inflación en la Eurozona hasta el 3,2 %.

¿Qué significa esto para el ciudadano europeo que planea sus vacaciones? Significa una pérdida de poder adquisitivo real, ya que los salarios de las familias alemanas o británicas, nuestros principales mercados emisores, no crecen al mismo ritmo que la vida diaria.

Al tener menos renta disponible, el consumidor activa la prudencia. No se queda en casa, porque viajar ya es una necesidad vital tras la pandemia, pero sí cambia su comportamiento económico, básicamente reduciendo su estancia media, que este abril bajó a las 8 noches, o midiendo mucho más el gasto extra que realiza fuera del hotel.

Se trata por tanto de un empobrecimiento paulatino global que nos obliga a reajustar las expectativas del negocio.

Llegados a esta situación, no debemos caer en el negativismo, ya que hay motivos para ver el vaso medio lleno, ya que las economías maduras y estables como la canaria saben adaptarse a estos ciclos.

Canarias cuenta con tres ventajas competitivas imbatibles: es un destino plenamente consolidado, ofrece una alta tranquilidad social y cuenta con una infraestructura sanitaria y de seguridad del máximo nivel.

Ante este panorama de precios altos, la estrategia ya no debe basarse en batir récords de millones de visitantes de forma infinita, sino centrarnos en la calidad.

De hecho, los datos del INE demuestran que, aunque vinieron menos turistas en abril, el gasto medio diario por turista subió un notable 8,3 % hasta los 182 euros.

Como reflexión final podemos decir que esta situación debe considerarse como una gran oportunidad para mejorar nuestro modelo turístico y pasar del volumen a la calidad, recibiendo a unos turistas que valoren más lo que ofrecemos y gasten más por día, evolucionando con ello hacia un turismo más sostenible, consciente y eficiente.

El desafío por tanto para este verano no debe ser llenar camas a cualquier precio, sino hacer valer la calidad y la excelencia de nuestra tierra frente a los vientos que soplan en el resto del planeta.

Jordi Bercedo

Economista

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