La Unión Europea volvió a cerrar filas anoche en Bruselas en apoyo a Ucrania, aprobando nuevas inyecciones de financiación para que Kiev continúe la guerra contra Rusia, pero evitando dar el paso que reclamaba con más insistencia el Gobierno ucraniano: utilizar directamente los activos rusos congelados en Bélgica.
Durante las reuniones celebradas en la capital comunitaria, los Veintisiete aceptaron seguir aportando fondos públicos europeos para sostener el esfuerzo militar ucraniano, en un momento clave del conflicto y con Estados Unidos endureciendo sus exigencias a Europa. Sin embargo, la UE volvió a esquivar el uso directo del dinero ruso bloqueado, valorado en decenas de miles de millones de euros.
Bélgica frena el paso decisivo
El principal obstáculo vuelve a estar en Bélgica, país donde se concentran buena parte de los activos financieros rusos congelados, especialmente a través de entidades como Euroclear. Kiev presionó para que ese dinero fuera incautado y transferido directamente a Ucrania, pero Bruselas ha optado por una vía mucho más prudente.
Las autoridades belgas han trasladado su temor a represalias directas de Rusia, tanto económicas como diplomáticas y jurídicas, y han reclamado cobertura legal sólida antes de cualquier decisión irreversible. El riesgo de demandas internacionales, de violación del derecho de propiedad y de precedentes peligrosos para el sistema financiero europeo ha pesado más que la presión política.
Una solución jurídica para no cruzar la línea
Ante ese escenario, la UE ha buscado respuestas jurídicas alternativas para evitar el uso directo del capital ruso. La fórmula que se impone es emplear únicamente los intereses generados por esos activos, sin tocar el principal, una solución que permite ayudar a Ucrania sin asumir el coste legal y geopolítico de una confiscación total.
Esta vía refleja el delicado equilibrio europeo: apoyar a Ucrania sin provocar un choque frontal con Rusia ni poner en riesgo la seguridad jurídica de la UE. En privado, varios Estados reconocen que cruzar esa línea podría abrir la puerta a represalias rusas sobre activos europeos y debilitar la confianza internacional en Bruselas.
Apoyo político, cautela estratégica
El mensaje que sale de Bruselas es claro: Europa seguirá financiando a Ucrania, pero lo hará con dinero europeo y con extremo cuidado cuando se trata de activos rusos. La presión de Kiev choca, una vez más, con el miedo de varios Estados a las consecuencias de una decisión sin precedentes.
Mientras la guerra continúa, la UE mantiene su respaldo político y económico, pero deja claro que no está dispuesta a asumir cualquier riesgo, ni jurídico ni estratégico, por mucho que la urgencia del conflicto empuje en esa dirección.