Bruselas mantiene a Rabat como socio prioritario para contener las salidas hacia Europa mientras Canarias continúa en primera línea de la Ruta Atlántica. Marruecos sigue siendo una pieza esencial del control migratorio pese a la reciente crisis de Ceuta.
La Unión Europea vuelve a apostar por Marruecos como una de las piezas fundamentales de su política migratoria en el norte de África. Bruselas contempla 15 millones de euros destinados a reforzar la lucha contra las redes dedicadas al tráfico de migrantes, dentro de una estrategia que pretende cortar las salidas irregulares antes de que las embarcaciones alcancen territorio europeo.
La decisión tiene especial importancia para Canarias. La denominada Ruta de África Occidental conecta el Archipiélago con puntos de salida situados principalmente en Marruecos, Sáhara Occidental, Mauritania, Senegal y Gambia y continúa siendo una de las vías migratorias más peligrosas hacia Europa.
Europa lleva años considerando a Rabat un socio estratégico. La colaboración incluye financiación, cooperación policial, gestión fronteriza, retornos y actuaciones dirigidas a desarticular las organizaciones que controlan el tráfico de personas.
Canarias, pendiente de lo que haga Marruecos
Para las Islas la ecuación es conocida: cada movimiento en los controles de las costas africanas termina teniendo consecuencias sobre la Ruta Canaria.
Desde 2020 se han detectado alrededor de 38.100 personas de nacionalidad marroquí utilizando esta vía migratoria, aproximadamente el 22% de todas las registradas en la Ruta Canaria durante ese periodo.
Pero las mafias modifican rápidamente sus puntos de salida cuando aumenta la vigilancia. El endurecimiento de los controles en determinados territorios ha provocado en diferentes momentos desplazamientos hacia Mauritania, Senegal o Gambia, multiplicando las distancias y el peligro de las travesías.
Algunas embarcaciones recorren más de 1.600 kilómetros de Atlántico hasta alcanzar Canarias.
Por eso Bruselas pretende actuar simultáneamente sobre diferentes países africanos. Marruecos, Mauritania, Senegal y Gambia forman parte de una estrategia destinada a reforzar las fronteras, perseguir a las mafias y reducir las salidas.
La paradoja de Ceuta
El nuevo respaldo económico europeo llega además después de la grave crisis migratoria de Ceuta, que ha vuelto a demostrar hasta qué punto España y Europa dependen de la cooperación marroquí para controlar una de sus fronteras exteriores.
España ha solicitado ayuda extraordinaria a Bruselas y el apoyo de las agencias europeas para afrontar las consecuencias de aquella entrada masiva.
Y ahí aparece la gran paradoja: Europa vuelve a financiar a Marruecos para controlar la inmigración precisamente después de que Ceuta haya demostrado qué ocurre cuando ese control falla.
Lejos de romper relaciones, Bruselas insiste en profundizar la cooperación. La propia Unión Europea continúa definiendo a Marruecos como un socio estratégico y pretende reforzar la colaboración económica, técnica y policial.
Más de 500 millones en una década
Los 15 millones ahora contemplados son solo una parte de una factura mucho mayor.
Durante aproximadamente la última década, Europa ha comprometido más de 500 millones de euros relacionados con Marruecos para gestión migratoria, control de fronteras y lucha contra el tráfico de personas.
Solo entre 2015 y 2021 se comprometieron 234 millones mediante diferentes programas bilaterales y regionales, mientras posteriormente se han incorporado nuevas partidas para gestión fronteriza, retornos, protección de migrantes y persecución de las mafias.
Además, entre 2021 y 2024 la Unión Europea comprometió unos 906 millones de euros para actuaciones relacionadas con la inmigración en el conjunto del norte de África.
Europa ha elegido, por tanto, su estrategia: invertir en los países de origen y tránsito para intentar frenar las salidas antes de que alcancen territorio comunitario.
Para Canarias la cuestión ya no es únicamente cuánto dinero recibe Marruecos.
La verdadera prueba está en comprobar si esos millones terminan traduciéndose en menos cayucos, menos mafias y, sobre todo, menos vidas perdidas en el Atlántico.
