Lo que antes no frenaba, ahora lo vigila: tras el terremoto de Ceuta, Marruecos endurece Agadir, Tan-Tan y El Aaiún y estrecha las rutas hacia Canarias

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Las fuerzas de seguridad marroquíes incrementan la vigilancia en puertos y costas del Atlántico después de meses de presión migratoria hacia las Islas. Agadir, Tan-Tan y El Aaiún concentran controles sobre embarcaciones, accesos portuarios, vehículos y redes dedicadas a organizar salidas clandestinas. El cambio llega en plena resaca política de la crisis de Ceuta y vuelve a demostrar hasta qué punto Marruecos tiene capacidad para apretar o aflojar la presión migratoria.

Marruecos ha intensificado la vigilancia en los puertos de Agadir, Tan-Tan y El Aaiún, tres puntos estratégicos del corredor atlántico que mira directamente hacia Canarias. La presencia policial y los controles sobre personas, vehículos y embarcaciones se han reforzado en un momento especialmente sensible, después de la crisis de Ceuta y de meses en los que la inmigración irregular volvió a situar las relaciones entre España y Marruecos bajo una enorme presión política.

Las autoridades marroquíes han aumentado el trabajo de la Policía, la Gendarmería Real, los efectivos marítimos y la Marina Real, con una estrategia que ya no se limita a interceptar embarcaciones una vez que están en el mar. El objetivo pasa ahora también por actuar antes de que se produzca la salida, con mayor vigilancia en los puertos, carreteras, zonas costeras, vehículos utilizados para transportar personas y embarcaciones pesqueras susceptibles de ser utilizadas por redes dedicadas a organizar travesías clandestinas.

Tan-Tan es uno de los puntos donde esa presión se está haciendo especialmente visible. La zona lleva meses bajo observación debido a su importancia dentro de las rutas marítimas hacia Canarias y en los últimos días se han desarrollado operaciones contra grupos presuntamente relacionados con la organización de salidas irregulares. Desde este corredor han sido interceptadas embarcaciones con decenas de personas a bordo que trataban de alcanzar el Archipiélago.

En El Aaiún, la vigilancia también se ha endurecido. Los accesos al puerto están sujetos a mayores controles de identificación para trabajadores y personas autorizadas, mientras se incrementa la supervisión sobre vehículos y embarcaciones. El objetivo es impedir que las propias instalaciones portuarias puedan convertirse en puntos de preparación o salida de operaciones migratorias. La preocupación no se limita ya a los cayucos o neumáticas, sino también al posible uso o sustracción de barcos pesqueros, embarcaciones con mucha mayor autonomía y capacidad para cubrir las largas distancias hasta Canarias.

Agadir conoce bien ese riesgo. El precedente de un pesquero desaparecido de sus instalaciones y localizado posteriormente en aguas próximas a Lanzarote con personas a bordo encendió las alarmas sobre la seguridad de los puertos y sobre la posibilidad de que determinadas redes utilicen barcos profesionales para intentar alcanzar las Islas. Desde entonces, la vigilancia sobre este tipo de embarcaciones ha ganado peso en el dispositivo marroquí.

El cambio de intensidad en los controles lleva inevitablemente a una pregunta política: ¿por qué ahora sí? Marruecos vuelve a demostrar que dispone de capacidad para elevar considerablemente la presión sobre las rutas cuando decide reforzar la presencia policial y marítima. No significa que pueda impedir todas las salidas, porque controlar cada kilómetro de costa resulta imposible, pero sí puede dificultarlas, desplazar los puntos de partida y golpear la logística de las organizaciones.

El mapa ayuda a entender la importancia del dispositivo. Desde Agadir hacia el sur se extiende un corredor que incluye Tiznit, Tan-Tan, Tarfaya, El Aaiún y, más abajo, Dajla. Durante años, distintos puntos de este litoral han sido utilizados para organizar salidas hacia Canarias. Cuando una zona queda especialmente vigilada, las redes buscan otras playas, desplazan a las personas o modifican sus métodos. Por eso la inmigración irregular se convierte en una carrera permanente entre quienes intentan abrir nuevas rutas y quienes tratan de cerrarlas.

La diferencia está en la intensidad con la que se aplican los medios disponibles. Y Marruecos los está aplicando ahora con mayor fuerza. Hay más controles de acceso, más identificación, más presencia policial, más vigilancia marítima y más operaciones contra las redes. Todo ello llega después de una crisis de Ceuta que ha provocado un terremoto político en España y ha vuelto a colocar las relaciones con Rabat en el centro del debate.

Marruecos demuestra que cuando quiere apretar, puede hacerlo

Los movimientos de los últimos días dejan una conclusión evidente: Marruecos dispone de capacidad para actuar sobre buena parte de las rutas que parten de su territorio hacia España. Lo demuestra cuando refuerza la Gendarmería, cuando controla los accesos a los puertos, cuando identifica vehículos y trabajadores, cuando persigue redes y cuando incrementa la vigilancia marítima.

Eso no significa que pueda cerrar completamente una costa enorme ni evitar cada salida, pero sí puede elevar de forma muy significativa la dificultad para organizar una operación migratoria. Y ahí está la cuestión política de fondo. España y la Unión Europea llevan años considerando la cooperación marroquí una pieza fundamental para contener la inmigración irregular. Cuando esa cooperación se intensifica, las rutas sienten la presión. Cuando disminuye, las consecuencias terminan llegando a Canarias, Ceuta, Melilla o la Península.

Por eso llama especialmente la atención el momento elegido. Después del terremoto provocado por Ceuta, Agadir, Tan-Tan y El Aaiún vuelven a estar sometidos a una vigilancia mucho más intensa. Marruecos demuestra otra vez que tiene herramientas para cerrar espacios, perseguir redes y complicar las salidas. La pregunta ya no es únicamente si puede hacerlo, sino por qué algunas veces lo hace con toda su capacidad y otras no con la misma intensidad.

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