El Real Unión Tenerife vuelve a demostrar que la historia, el trabajo y la convicción también ganan partidos. El club decano de la capital tinerfeña, fundado en 1912, vive un momento histórico en su sección de fútbol femenino, líder de su grupo en Segunda RFEF y con una progresión impecable en las últimas jornadas, todo ello sin apenas ayudas institucionales y con una estructura construida desde abajo.
La sección femenina, creada hace años mediante acuerdos metropolitanos con capacidad docente y educativa, no nace para competir con nadie, sino para sumar. Su objetivo es claro: que Santa Cruz de Tenerife tenga un equipo capitalino fuerte, reconocible y complementario al máximo exponente del fútbol femenino en la Isla, el Costa Adeje Tenerife.
Tras más de 30 años desaparecido del panorama masculino, el Real Unión regresó esta temporada a Tercera División, asentándose en una zona tranquila de la tabla. Tanto el primer equipo masculino como el femenino juegan en el Campo de La Salud, recientemente remodelado de forma básica, pero convertido en símbolo de resistencia y pertenencia a barrio.
En una ciudad donde históricamente no se ha creído en el fútbol local, el Real Unión pelea por representar a Santa Cruz con identidad propia, valores y ambición deportiva.
Santa Cruz quiere sumar, no dividir
Ser del CD Tenerife no está reñido con apoyar a un club de barrio. Ocurre en toda la Isla: ser de Las Zocas, del Marino o del Orotava no resta sentimiento blanquiazul. El Real Unión, con más de un siglo de historia, aspira a lo mismo: sumar ciudad, generar identidad capitalina y ofrecer oportunidades deportivas y educativas desde el Barrio de La Salud.
Hoy, con el femenino peleando por la Segunda División nacional y el masculino consolidándose en Tercera, el mensaje es claro: las instituciones y los patrocinadores tienen la palabra. Santa Cruz puede —y debe— creer en un proyecto propio sin renunciar a su máximo representativo. El Real Unión ya está haciendo su parte.