El ministro de Defensa de Malí, Sadio Camara, ha muerto este fin de semana tras un ataque coordinado de grupos rebeldes tuareg y milicias yihadistas vinculadas a Al Qaeda, en una de las mayores ofensivas registradas en el país en los últimos años.
Según diversas fuentes, el asalto se produjo contra su residencia en la localidad de Kati, a las afueras de la capital, Bamako, en el marco de una operación simultánea que ha golpeado múltiples puntos estratégicos del país.
Ataque coordinado en todo el país
La ofensiva ha sido atribuida al Grupo de Apoyo al Islam y a los Musulmanes (JNIM), afiliado a Al Qaeda, en colaboración con facciones secesionistas del norte, en particular del entorno tuareg.
Los ataques han afectado a ciudades clave como Bamako, Kidal, Mopti o Gao, con enfrentamientos intensos y la toma de varias posiciones militares y logísticas.
Algunas informaciones apuntan incluso a la caída de la estratégica ciudad de Kidal en manos rebeldes, símbolo histórico del conflicto en el norte del país.
Golpe a la junta militar
La muerte de Camara supone un duro revés para la junta militar que gobierna Malí desde el golpe de Estado de 2021, liderada por el coronel Assimi Goïta.
El ministro era considerado una figura clave en la estrategia de seguridad del régimen y en el giro geopolítico del país, que en los últimos años ha reforzado sus vínculos con Rusia tras romper con socios occidentales.
Analistas internacionales señalan que este ataque evidencia la fragilidad del control estatal y el deterioro de la seguridad, pese a los esfuerzos militares y la presencia de mercenarios extranjeros en el territorio.
Estado de emergencia y condena internacional
Ante la gravedad de la situación, las autoridades malienses han decretado el toque de queda en Bamako y han reforzado la seguridad en todo el país.
Organismos como la ONU, la Unión Africana y la Unión Europea han condenado la escalada de violencia y han alertado del riesgo de desestabilización regional en el Sahel.